LA ATLÁNTIDA

 
 
 
En este documento hemos hecho un recopilatorio muy interesante de información que rodea a la Atlántida, cuando hablamos de ello nos referimos a ese “Continente Perdido” citado por el filósofo griego Platón en sus “Diálogos Perdidos”. Este continente ha sido asociado mitológicamente al dios Poseidón, considerado como tal y normalmente ha sido considerado como una leyenda o simplemente como una mentira. A continuación mostramos la atlantida que nos explicó Platón en su libro Critias y las principales teorías que pueden probar su existencia… o hacer que se pierda en el olvido.
LA ATLANTIDA DE PLATÓN
 
TEORIAS DE LA ATLÁNTIDA
 
EL REY CRONOS DE LA ATLÁNTIDA
LA ATLANTIDA DE PLATÓN
Hacia el año 590 a. C. el sabio griego Solón visitó la ciudad Egipcia de Sais, en el Delta del Nilo. Allí preguntó a los sacerdotes sobre hechos del pasado, y uno de ellos le narró la historia de la Atlántida:

“Hace nueve mil años hubo una guerra entre los que habitaban más allá de las columnas de Heracles y los que vivían a este lado de ellas. A los que vivían a este lado los dirigía la ciudad que ahora es Atenas y a los del otro bando los reyes de Atlantis, que existió en tiempos y era mayor que Libia y Asia juntas, y que cuando después fue hundida por un terremoto se convirtió en una infranqueable barrera para los viajeros de aquí que intentaron cruzar el océano que está más allá.

Cuando los dioses se repartieron las tierras, a Poseidón, dios del mar, le correspondió la isla de la Atlántida. En medio de la isla, cercana al mar existía la llanura más fértil y bella de las llanuras. Junto a ésta, en el centro de la isla, había una montaña. En ella habitaba Evenor junto con su esposa Leucipe y su única hija Cleito. Poseidón se enamoró de Cleito y tuvo trato carnal con ella. El dios hundió el suelo y aisló la colina donde ella vivía, creando zonas alternas de mar y tierra; había dos de tierra y tres de agua, dispuestas concéntricamente al centro de la isla. Hizo brotar dos manantiales, uno de agua caliente y otro de agua fría, e hizo que crecieran de la tierra toda clase de alimentos en abundancia.

Cleito dio a luz a cinco parejas de gemelos varones. El dios dividió la isla en diez partes, dándole al primogénito de la primera pareja la casa de su madre y los terrenos circundantes, y le hizo rey por encima de los demás. A los otros los hizo príncipes y les dio un gran territorio.
Les puso nombres; al mayor le llamó Atlas y por él la isla y todo el océano se llamaron Atlántico.
Los hijos de Poseidón fundaron en la isla dinastías reales, presididas por los descendientes de Atlas.
El imperio de los atlantes se extendía hasta Egipto y Tirrena. La isla producía la mayor parte de lo que requerían para los usos de la vida, comenzando por el oricalco, metal sólido y fusible que ahora es sólo conocido por el nombre. Por entonces existían muchos yacimientos en la isla, y era lo más preciado después del oro. Había abundante madera para los carpinteros y suficiente sustento para los animales, tanto domésticos como salvajes. También había en la isla manadas de elefantes. También todas las cosas fragantes que ahora hay en la tierra, ya sean raíces, maderas, hierbas o esencias de flores y frutos. Había también toda clase de fruto que admitiera cultivo, desde legumbres y frutos de cáscara dura que permiten hacer bebidas y ungüentos como castañas y frutos parecidos. Utilizando todas estas riquezas de su suelo los habitantes construyeron templos, dársenas y puertos, y dispusieron todo el país de la siguiente manera:

Empezaron por tender puentes sobre los fosos circulares que llenaba el mar y rodeaban a la antigua metrópoli, poniendo en comunicación el palacio real con el centro de la isla. Desde el mar abrieron un canal de tres arpentos de ancho, cien pies de profundidad y cincuenta estadios de extensión que iba hasta el recinto exterior, y lo utilizaron como un puerto, disponiendo la embocadura de modo que las naves más grandes pudieran entrar sin dificultad. En los cercos de tierra que separaban las zonas de mar abrieron canales lo suficientemente anchos para que pasara una sola trirreme cada vez, y como de cada una de estas zanjas los diques se levantaban a bastante altura, unieron los bordes con techumbre, de modo que las naves cruzaban a cubierto. Cada anillo de tierra lo rodearon de un muro de piedra, colocando torres y puertas en los puentes y a la entrada de las bóvedas de los canales. La piedra que usaban era blanca, negra y roja. Algunos edificios eran sencillos, pero otros eran de diversos colores, combinados para agradar a la vista. El muro exterior estaba cubierto por una capa de bronce, el siguiente de estaño, y el tercero de oricalco. Los palacios de la ciudadela estaban construidos de la siguiente manera:

En el centro, un templo sagrado dedicado a Cleito y Poseidón, inaccesible y rodeado por un recinto de oro. Aquí estaba el templo de Poseidón, de un estadio de longitud y medio de ancho. El exterior del templo estaba recubierto de plata, y los pináculos de oro.
 
 
 
 
 
 
En el interior, el techo era de marfil labrado con oro, plata y oricalco, y el resto, muros suelos y columnas, estaban recubiertos de oricalco. En el templo estaban las estatuas en oro del dios en un carro con seis caballos alados, de tal tamaño que con la cabeza alcanzaba al techo del edificio, y en torno a él cien nereidas cabalgando en delfines. En torno al templo estaban las estatuas en oro de las esposas de los diez reyes y su descendencia, y un altar de gran tamaño y maestría.
 
 
 
Junto a las fuentes de agua fría y caliente edificaron jardines, edificios y piscinas, unas abiertas y otras techadas, para ser utilizadas en invierno. De allí salían acueductos que llevaban el agua al resto de los anillos.
En los demás anillos había también templos dedicados a muchos dioses, jardines y lugares para hacer ejercicio. En el mayor de los anillos había una pista para carreras de caballos, de una longitud que podía dar la vuelta a la isla. También había casas, la mayoría para los guardias. Los muelles estaban llenos de trirremes.
 
 
 

Ya fuera de la ciudadela, alrededor del canal que conducía al mar, había multitud de viviendas, y el canal estaba lleno de buques mercaderes.
Respecto al resto de la isla, la llanura era suave y alargada, extendiéndose tres mil estadios. Estaba rodeada de montañas, famosas por su tamaño y belleza. También había ríos, lagos y prados con abundante pasto, y bosques con abundante madera. La llanura estaba surcada por enormes zanjas con agua por las que se transportaba la madera de la montaña y los frutos del campo a la ciudad. Cada porción de la llanura tenía un jefe. El jefe tenía que proporcionar para la guerra la sexta parte de un carro de combate, y con esto se llegaba a un total de diez mil carros. También tenía que proporcionar caballos, un jinete, dos soldados armados, dos arqueros, dos lanzadores de piedras y tres de jabalina, y cuatro marineros para formar la tripulación de mil doscientos barcos.

Cada uno de los diez reyes tenía el absoluto control de los ciudadanos y de las leyes en su ciudad y distrito. Sin embargo, el orden de precedencia entre ellos y sus relaciones mutuas estaba regulado por los mandamientos de Poseidón, que la ley transmitía. Estaban inscritos por los primeros reyes sobre una columna de oricalco situada en medio de la isla, donde, cada cinco o seis años alternadamente, se reunían para consultarse averiguar si alguno transgredía la ley y celebrar juicio. Se comprometían entre ellos de la siguiente manera:
Había toros que pacían en el templo de Poseidón. Los diez reyes, solos en el templo, después de rezar sus oraciones para que el dios aceptara el sacrificio, capturaban a un toro no con armas, sino con estacas y lazos. Al toro que cogían lo llevaban a la columna y le cortaban el cuello sobre ella, de modo que cayera la sangre sobre la inscripción sagrada. Tras esto, quemaban los miembros del animal ya muerto, llenaban un vaso de vino y echaban un coágulo de sangre por cada uno de ellos. Posteriormente, quemaban al resto de la víctima y purificaban la columna. Bebían de la vasija vertiendo el contenido en copas de oro y juraban actuar conforme a las leyes de su padre Poseidón. Después de haber cenado, cuando oscurecía y el fuego del sacrificio se había apagado, se ponían unos mantos azules, se sentaban en el suelo y celebraban el juicio. Tras éste, se escribían las sentencias dictadas sobre una tablilla dorada y la consagraban con sus mantos. Había muchas leyes, pero la más importante de ellas era la siguiente: No debían acudir a las armas uno contra otro, y debían prestarse ayuda mutua. Debían deliberar juntos sobre asuntos importantes y dejar el mando supremo a los descendientes de Atlas.

Durante muchas generaciones, mientras les duró la naturaleza divina, obedecieron las leyes. Unían la amabilidad con la sabiduría, despreciaban lo que no fuera virtud y no daban importancia a la posesión de riquezas. Pero con el paso del tiempo la esencia divina se fue diluyendo en la humana, y su naturaleza mortal se impuso. Zeus, dándose cuenta de la situación convocó un consejo de dioses para deliberar sobre su futuro”
 
 
 
 
 
 

   

Aquí se interrumpe el Critias. Por el Timeo sabemos que Zeus castigó la soberbia atlante enviando terremotos, que acabaron con la isla en un día y una noche. Solón, que era pariente y amigo de Drópides, bisabuelo de Critias, le narró la historia a su abuelo, que posteriormente se la contó a Critias. Por este medio la conoció Platón, que la dejó reflejada en sus diálogos Timeo y Critias   –

   

 

 

 
 
 
 

LAS TEORIAS DE LA ATLANTIDA
A lo largo de la historia, decenas de investigadores pretenden haber localizado la Atlántida en diferentes lugares del mundo. Sin embargo, aún no está claro que esta mítica isla de la felicidad existiera realmente.
Hacia el año 350 a.C. vieron la luz dos escritos de Platón en los que exponía, en forma de diálogo, algunas de sus ideas filosóficas. En ambas obras –Timeo y Critias– el sabio griego hacía referencia a una fabulosa civilización, rica y poderosa, que después de haber sostenido una larga guerra contra pueblos vecinos habría desaparecido completamente a causa de un violento terremoto. Su nombre: Atlántida.
A primera vista, la historia podría considerarse un exhorto a la virtud, pues este tipo de literatura moralizante era muy frecuente en la antigüedad clásica. Sin embargo, algunos detalles cuestionan tal suposición. Así, Platón insiste cuatro veces en la certeza de su relato, que habría transcrito literalmente a partir de la información legada por el célebre legislador Solón, el cual a su vez la habría recibido, aproximadamente en el 600 a.C., de un sacerdote egipcio. Por otro lado, el filósofo griego describe la capital de la Atlántida, a lo largo de unas veinte páginas, con tal profusión de detalles que los arqueólogos de hoy podrían reconstruir la ciudad sin necesidad de más datos.
El manuscrito de Platón no llamó particularmente la atención de sus contemporáneos. Su propio alumno Aristóteles lo consideraba un cuento con moraleja como tantos otros, opinión que comparten en nuestros días numerosos arqueólogos a historiadores. Sea como fuere, lo cierto es que algo de especial debe tener el continente platónico. De Lo contrario cómo puede explicarse que, desde su mención, se hayan publicado más de 2.000 textos acerca de la legendaria civilización.
Son muchos los investigadores que, de forma más o menos rigurosa, han emprendido la búsqueda del continente desaparecido, una empresa no del todo descabellada, pues al fin y al cabo también la Troya de Homero se creía producto de la fantasía, hasta que el arqueólogo Heinrich Schliemann la descubrió en 1903. Veamos las teorías que se han fraguado en torno a los diferentes aspectos de la cuestión, comenzando por el cronológico:
Del relato de Platón se deduce que la civilización atlante debió florecer hace más de 12.000 años. Este dato no puede ser exacto en ningún caso, puesto que en aquellos remotos tiempos todavía no existía ninguna cultura evolucionada que trabajara los metales, estuviera gobernada por reyes y dominara los mares con sus barcos. En cuanto a la localización del misterioso continente, el texto del filósofo ateniense lo sitúa “más allá de las Columnas de Hércules”, y esto significaba, según la concepción de la antigüedad, al otro lado del estrecho de Gibraltar, es decir, en el océano Atlántico. Pero atención, recordemos que la fábula procede de los antiguos egipcios y, para ellos, la isla perdida se llamaba Keftiu (el nombre que tenían para Creta). La fuente de información de Platón, el legislador y estadista Solón, pensaba naturalmente en griego, de modo que traduciría las indicaciones del sacerdote egipcio a su propia lengua, pudiendo producirse por esto algunos equívocos. Posiblemente los egipcios tenían en mente un lugar totalmente diferente al referido por Solón, ya que para esta civilización confinada en el valle del Nilo, el mundo conocido terminaba no ya en el Atlántico, sino en el mismo Mediterráneo. Y es precisamente aquí donde, en opinión de algunos investigadores, se habría ubicado en realidad la Atlántida, aunque sobre esto volveremos más adelante.

En su escrito de 1638 Nova Atlantis, el inglés Francis Bacon, uno de los primeros eruditos occidentales en interesarse por el tema, identificaba el entonces recién descubierto continente americano con el país descrito por Platón. Otro sabio, el jesuita alemán Athanasius Kircher, afirmaba 27 años más tarde que se habría tratado de una isla propiamente dicha, situándola, de un tamaño inmenso, entre Europa y América.
UN CONTINENTE ENTRE EUROPA Y AMÉRICA
Ya en siglo XIX, los franceses Brasseur de Bourbourg y Le Plongeon se mostraban convencidos de que algunos habitantes de la Atlántida hubieran conseguido llegar hasta Centroamérica tras el hundimiento de la isla, ejerciendo luego una influencia decisiva sobre las culturas olmeca, tolteca, maya y azteca. Es cierto que los descendientes de los mayas han conservado una tradición acerca de una isla llamada Aztlán, supuestamente la patria original de todas las tribus indígenas centroamericanas, pero investigaciones del fondo marino realizadas en la zona de la dorsal mesoatlántica en los años cincuenta revelaron que ahí no pudo haber desaparecido ninguna isla, ni siquiera hace millones de años.
A partir de 1882 la Atlántida se convirtió en tema de conversación obligado para cualquier tertulia. Tal año, el novelista y erudito norteamericano Ignatius Donnelly publicó Atlantis, obra que conocería más de cincuenta ediciones y que sirvió de punto de partida para numerosas teorías posteriores. Donnelly estudió los enigmas de distintas culturas y elaboró a partir de tan misteriosos ingredientes una hipótesis irresistible: la Atlántida fue un continente entre Europa y América que se sumergió y que incluso llegó a constituir un puente terrestre entre ambos mundos.
Los principales datos que corroborarían su teoría son los siguientes: la lengua de los aztecas posee asombrosas semejanzas con la de los egipcios. (Esto no es exacto, dicen los escépticos; el parecido procede de una interpretación errónea de los signos de la escritura azteca). Los egipcios no fueron los únicos que construyeron pirámides; también los antiguos pueblos centroamericanos levantaron este tipo de estructuras, de modo que debió existir algún contacto entre ellos. (Tonterías, afirman los detractores de Donnelly; una forma geométrica tan elemental puede inspirar a cualquier arquitecto espontáneamente, sin que tenga que copiar de nadie). Las anguilas europeas y americanas migran hacia mar de los Sargazos para desovar y, después, las recién nacidas regresan a sus correspondientes lugares de origen, lo que prueba una remota procedencia común de estos animales en algún punto del centro del Atlántico. (Actualmente se sabe que todas las anguilas europeas permanecen en el Atlántico y que sólo las americanas se dirigen tanto hacia Europa como hacia América, de modo que no pueden tener ninguna memoria genética de algún antiquísimo continente centroatlántico).
Pero de pronto salieron a relucir las verdaderas motivaciones de Donnelly en su búsqueda del continente perdido. “Los habitantes de la Atlántida”, escribió, “fueron los padres de todas nuestras concepciones básicas sobre la vida, la muerte y el mundo. Su sangre corre por nuestras venas” y “cualquier peculiaridad de las razas, de la sangre, cualquier iluminación del pensamiento, conduce, en último término, de regreso a la Atlántida”.
Igual que los soberanos de otros tiempos retrotraían su propio origen a un dios, así Donnelly y sus seguidores quisieron encontrar nuestras raíces en una raza de superhombres. Al norteamericano no debió parecerle digno que procedamos de unos peludos primates. Sin embargo estas ideas, que ahora nos parecen tan absurdas, explican en parte el porqué de la fascinación por la Atlántida. Y es que son muchas las civilizaciones que poseen leyendas sobre algún tipo de paraíso, un mundo antediluviano en el que la humanidad vivía en paz y prosperidad. Para los judíos era el Jardín del Edén; para los habitantes de los países del Norte, la isla de Avalon; y entre los griegos, este lugar idílico se encontraba en el Jardín de las Hespérides. Estos mundos idílicos nunca fueron reales, pero no por ello disminuyó el deseo de que lo hubieran sido.
LA ISLA DE SANTORINI
La teoría que desde 1909 ha sumado más adeptos afirma que la Atlántida fue Creta a otra isla cercana, la de Santorini. Por consiguiente, la civilización atlante se identificaría con la minoica. Son muchos los datos que apoyan esta tesis. Para los antiguos egipcios, Creta constituía un lugar de interés a causa de su cercanía y su fuerza, aunque resultaba casi inaccesible debido a su ubicación en mitad del Mediterráneo. Por otro lado, la decadencia y caída de esta civilización encaja con el dramático final descrito por Platón: hacia el año 1500 a.C. una tremenda erupción volcánica en la isla de Thera (hoy llamada Santorini) originó terremotos, tsunamis y lluvias de cenizas que acabaron por dar el golpe de gracia a aquella cultura de la Edad del Bronce, que ya había sufrido anteriores seísmos.
La fecha es lo único que no concuerda, pues recordemos que, según Platón, la Atlántida debió florecer alrededor de 12.000 años atrás. Sin embargo, pudo ocurrir que el informador egipcio de Solón se hubiera basado para sus cálculos en uno de los calendarios lunares al uso en aquella época, confundiendo al griego, quien habría tomado los años lunares por solares. En tal caso, la fecha referida por el sacerdote sería el año 1200 a.C. aproximadamente, lo cual coincide, admitiendo un margen de tolerancia de dos o tres siglos, con la explosión de Thera.
En cualquier caso, por bien que suene esta hipótesis -desarrollada y defendida sobre todo por los investigadores griegos Angelos Galanopoulos y Spyridon Marinatos– también tiene sus puntos débiles. Así, la clasificación cronológica de los diferentes estilos cerámicos de la isla de Santorini demuestra que esta cultura sobrevivió al menos cincuenta años a la erupción del volcán. La Atlántida no se hundió, por tanto, en este lugar. Y menores son las posibilidades de que se tratara de la cercana isla de Creta; Cnosos, el centro de la cultura minoica, no se colapsó hasta algunos siglos después de la erupción del volcán y, como todos sabemos, la isla continúa en su sitio.
ANTLANTIS EN EL CARIBE
Pero existen muchas otras teorías. Una de las más interesantes asegura que la Atlántida se encontraba frente a la costa de Florida. En una sesión de trance, el vidente norteamericano Edgar Cayce describió de una forma colorista y fantástica la vida en aquella antigua civilización, prediciendo, además, que una parte de ella sería encontrada en el año 1968. Y en efecto, un año más tarde de lo vaticinado se descubrieron en el fondo marino frente a las Bahamas ciertas estructuras aparentemente realizadas por la mano humana. La localización de la Atlántida en esta zona ya había sido propuesta por otros investigadores, que sin duda se remitían a los datos aportados por el geógrafo romano Marcelo, del primer siglo antes de nuestra era. Según él, el continente perdido habría estado integrado por siete islas pequeñas y tres grandes, la mayor de ellas de 1.000 estadios de diámetro, lo que equivale aproximadamente a 200 kilómetros.
¿Debemos, pues, buscar los restos de la Atlántida en el Caribe? La mayor de las islas antillanas, La Española, tiene un tamaño que coincide más o menos con el calculado por el sabio Marcelo. Sin embargo, estas especulaciones tienen muy poco que ver con la descripción de Platón. Por ello, comentaremos para terminar dos hipótesis que pueden considerarse originales y, al mismo tiempo, científicas.

  

 
 
 
 
 

ATLANTIS EN EUROPA
El investigador Helmut Tributsch, profesor de química y arqueólogo aficionado, cree haber descubierto la civilización sumergida al sur de la Bretaña francesa, concretamente en la isla de Gavrinis, que se encuentra cerca de los yacimientos megalíticos de Carnac. Tributsch volvió a calcular cuidadosamente la fecha del hundimiento de la isla, concluyendo que la catástrofe tuvo que ocurrir en el 2200 a.C, época en que llegó a su fin la cultura megalítica europea.
Sin embargo, ¿no fue la Atlántida una inmensa isla, según Platón, incluso “mayor que Libia (Africa) y Asia juntas”? Tributsch nos brinda una sorprendente interpretación: esta isla no es otra que… ¡Europa! Nuestro continente está rodeado de agua por tres de sus lados. El cuarto límite, los Urales, era muy poco conocido en la antigüedad, de manera que, según las concepciones de los pueblos de entonces, también allí podría haber existido un océano, lo que convertiría a Europa en una isla.
Tributsch llegó a localizar la capital atlante, para lo que tuvo que evaluar por dónde discurría la línea de costa hace 4.000 o 5.000 años, cuando el nivel del mar era unos diez metros inferior al actual: bajo el agua, en el lugar antes mencionado, encontró una topografía que corresponde exactamente a la descrita por Platón. Incluso pensó haber hallado el templo de Poseidón reseñado por el sabio griego. Para él, la Atlántida no desapareció de golpe, sino que se fue hundiendo en las olas gradualmente.
TROYA
Por su parte, el geólogo alemán Eberhard Zangger defiende una solución para el misterio que recuerda a las novelas de Agatha Christie: el personaje menos sospechoso es el culpable. Según él, la Atlántida fue una civilización poderosa y floreciente que sufrió el asedio de los helenos durante largos años, lo que finalmente provocó su caída. Su verdadero nombre: Troya. Desde luego, este pueblo existió sin ninguna duda, sólo que la capital citada por Homero no se encontraba en el Atlántico, sino en el Mediterráneo, en las costas de la actual Turquía. Ello no es problema para Zangger: en vez de identificar las Columnas de Hércules con Gibraltar, hay que hacerlo más bien con el estrecho de Dardanelos, que da entrada al mar Negro.
Y el cataclismo que provocó la desaparición de la Atlántida? Los conocimientos de los historiadores sobre el final de Troya son exiguos. No obstante, Zangger ha descubierto que hacia el año 1200 a.C. se produjo un seísmo al suroeste de Atenas que pudo haber desencadenado un maremoto considerable. Las repercusiones que la catástrofe debió tener para Troya pueden coincidir con el relato de Platón sobre la caída del imperio atlántico, suponiendo un tratamiento muy liberal de los datos cronológicos.
LOS MAPAS DE PIRI REIS
El almirante Piri Reis, seguramente de origen griegocristiano e hijo de renegado, Piri Reis es uno de los grandes corsarios del Imperio otomano y contribuye ampliamente en asentar su poder en el Mediterráneo. Durante una vida agitada y llena de aventuras sangrientas, Piri Reis, quien es un hombre culto, se toma el tiempo para escribir el Bahriye, una obra sobre la navegación en el Mediterráneo, enriquecida con 207 mapas. También dibuja su mapa del mundo de 1513. Lo que subsiste de él se conserva hoy en el Museo Topkapi Sarayl de Estambul.
CARACTERÍSTICAS DEL MAPA: Terminada la Segunda Guerra Mundial, un oficial de la Armada turca facilitó una copia del mapa de Piri Reis al ingeniero jefe de la Oficina Hidrográfica de la Armada de los Estados Unidos. Fueron examinados por el especialista Arlington H. Mallery; Mr. I. Walters, agregado al Servicio Hidrográfico de la Marina norteamericana; R. P. Linehan, jesuita y sismólogo perteneciente al Observatorio astronómico y geológico de Boston, y miembro de las expediciones que la Armada había enviado al Antártico, y, por último, el profesor Charles H. Hapgood.
La conclusión, sacada de su examen, fue que en el mapa de Piri Reis se describía la costa oriental de América, que todavía era desconocida en la fecha de su ejecución, es decir, en 1513, y yendo aún mas lejos, mostraba el territorio de la Antártida antes de ser cubierta por los glaciares, deduciéndose que los datos para su elaboración fueron sacados de documentos de un origen fabulosamente remoto, ya que se sabe que el Polo Sur ya se hallaba bajo el hielo diez mil años antes de J. C..
Asimismo, están representadas unas enormes montañas situadas en la costa Este de América del Sur, lugar en donde se encuentran los Andes, cordillera descubierta por Francisco Pizarro , a principios de 1525, fecha posterior a la de la elaboración del mapa por Piri Reis.
Se consultó, también, a Paul-Emile Victor y Arlette Peltant, especialistas en cartografía, siendo sus conclusiones que la representación de las tierras dibujadas en el mapa esta realizada mediante sistemas de proyección utilizados en la cartografía moderna.
Todavía hay algo mas sorprendente en el mapa de Piri Reis. En él se dibuja el litoral del continente Antártico de forma distinta a la establecida por el expedicionario Peterman en 1954 que es como lo conocen los cartógrafos modernos. El Servicio Hidrográfico y la U.S. Navy, mediante sondeos sísmicos, pruebas gravimétricas, fotografías aéreas y otros recursos modernos establecieron que Piri Reis estaba en lo cierto y que el equivocado era Peterman.
¡Los mapas parecían haber sido sacados de fotografías tomadas a gran altura!. ¿Un falso mapa, o bien la herencia de fuentes antiguas?
La representación de los continentes europeos y africanos es de una precisión extraordinaria y aparentemente imposible de obtener en una época donde el cálculo de la longitud era desconocido. En América. Sin embargo, su descubrimiento data de 1543 y los cartógrafos de fines del siglo XVI, incluyendo a Mercator, no saben situarla bien. Los Andes también están representados, aunque eran desconocidos en la época de Piri Reís y una llama, mamífero típico de esta región, figura en la ilustración; los europeos jamás habían visto ese animal.
El mapa menciona además las islas Malvinas, descubiertas en 1592. Otros puntos intrigan aún más y apoyan la tesis de la gran antigüedad de las fuentes del mapa. Hay, por ejemplo, dos grandes islas un poco por encima del ecuador que no existen en nuestros días (la localización de una de ellas corresponde a la meseta submarina situada bajo los islotes San Pedro y San Pablo), pero el almirante las sitúa en el paso de la dorsal que atraviesa el Atlántico de norte a sur. Es inútil decir que nadie sospechaba de la existencia de estas montañas submarinas en esa época. Otras islas figuran en el Polo Sur, escondidas bajo el espeso hielo antártico; éstas fueron descubiertas en 1958.
El portulano compuesto del almirante turco y los otros mapas “imposibles” del medievo provienen, según algunos de sus autores, de documentos muy antiguos originarios de la biblioteca de Alejandría. Estos parecen indicar que experimentados navegantes recorrieron el globo, hace quizás 10.000 años y lo cartografiaron, mientras Europa se encontraba en la prehistoria. Este trabajo de cartografía puede efectuarse sólo en el marco de una civilización suficientemente avanzada, como para tener buenos barcos, saber calcular latitudes y longitudes y ser suficientemente organizada como para emprender expediciones de largo alcance. Tal vez fue la Atlántida, ese mundo fabuloso que aparece con distintos nombres en el pasado de todas las civilizaciones antiguas. Estos mapas son conocidos y catalogados por los organismos especializados. Se les encuentra también en los atlas, como aquel de Norderiskj6ld (1889). Habiendo sido descartada la falsificación, los escépticos prefieren ignorar el tema. Ese no es el caso de Paul-Emile Victor cuando se da cuenta a principios de los años 1950 que otro mapa problemático, aquel del italiano Zeno, fechado a fines siglo XIV, tiene varios siglos de adelanto con respecto a sus propios descubrimientos, entre 1949 y 1951, del subsuelo rocoso de Groenlandia..
Los mapas del imposible:
Si bien el mapa de Piri Reís se ha hecho célebre, no es el único mapa antiguo en presentar problemas. Las tierras bajo el hielo. Una parte del mapa de Oronteus Finaeus (1531) muestra con increíble precisión la Antártida libre de una gran parte de sus hielos, o sea, como debería haber estado hace 4.000 años antes de nuestra era. Una excelente reproducción aparece en el Atlas M explorador sueco Nordenskjóld publicado 69 años antes de la primera marcación de los contornos reales de la Antártida. Vuelta a las Américas.
Hajdi Ahmed en su mapa del mundo de 1559 ofrece una representación enigmática y muy moderna de las Américas y sobre todo de sus costas oeste. La forma de los actuales Estados Unidos está reproducida ahí con una perfección que sólo se conseguirá dos siglos después… África y Extremo Oriente. En 1502, De Carneiro dibuja un mapa representando la totalidad de las costas africanas, en una fecha en que los navegantes de su país sólo tienen de ella una idea bastante vaga. En 1510, otro portugués, Jorge Reinel, representa el océano Indico con una exactitud incomprensible, ya que en su época no se sabe calcular las longitudes. En cuanto a China, ésta es dibujada fielmente en un mapa chino grabado sobre piedra en 1137 y que sólo podría haber sido hecho con la ayuda de la moderna trigonometría esférica. El misterio trasciende a Europa. lbn ben Zara (1487) y Benincasa (1508), cartógrafos árabe y portugués, muestran Europa del Norte recubierta de un glaciar parecido a aquel que lo recubría hace 12.000 años antes de nuestra era… Finalmente, unos portulanos, en particular el de Dulcert (1339), parecen copias de mapas actuales en una época donde la cartografía auténticamente medieval hace prueba de mucha fantasía. Algunos, como el sueco Nordenskj, piensan que un portulano “modelo” originario de la más remota antigüedad fue encontrado a fines M siglo XII y, posteriormente, copiado por cartógrafos medievales.
LA TEORÍA EXTRATERRESTRE DE ZECHARIA SITCHIN
¿Fueron nuestros antepasados visitados por seres procedentes de otros planetas?. Así lo cree Zecharia Sitchin, profundo conocedor de las antiguas civilizaciones del Asia Menor y uno de los principales defensores de la denominada “hipótesis extraterrestre”. Las arriesgadas teorías de este investigador ofrecen respuestas a muchos enigmas de la antigüedad, pero también suscitan numerosas dudas…
Zecharia Sitchin procede de una familia de judíos rusos que emigró primero a Azerbaiyán, en el Cáucaso, donde Sitchin nació a finales de la época zarista. En los años 20 sus padres emigraron a Palestina, entonces bajo mandato británico, y sería allí donde este investigador adquiriría desde muy temprana edad un profundo conocimiento del hebreo antiguo y moderno y, eventualmente, del alfabeto sumerio y otras lenguas semíticas antiguas.
Su etapa de formación universitaria se desarrolló en Inglaterra, donde se graduó en Historia de la economía. Actualmente vive con su familia en Nueva York. Es uno de los autores de más renombre internacional en cuestiones como los misterios de la historia antigua, la mitología o la prehistoria de la humanidad.
Este polémico científico, apuesta por una teoría que explicaría muchos misterios de la antigüedad aún no resueltos, (entre ellos la posible explicación de la Atlántida). Su hipótesis es que la Atlántida se corresponde con la América precolombina, y que en su formación intervinieron seres extraterrestres. Sitchin se refiere específicamente al códice Boturini, que “relata que la casa ancestral de la tribu Azteca se llamaba Aztlán (Lugar Blanco)…Pero nadie puede decir con certeza dónde estaba ubicada Aztlán”. Algunos la han identificado con la Atlántida, pero este investigador se inclina por la hipótesis arqueológica que ubica la mítica Aztlán en Guatemala.

  

ATLANTIDA EN GIBRALTAR ENTRE IBERIA Y AFRICA: Georgeos Díaz-Montexano
El investigador y escriptólogo Georgeos Díaz-Montexano, un estudioso de las lenguas y escrituras de la antigüedad, ha dirigido una expedición que ha proporcionado unos descubrimientos muy reveladores. Estos hallazgos permiten avalar su teoría original -publicada en el año 2000- sobre la posible existencia de un sustrato histórico en el relato de Platón sobre la Isla o Península Atlantis o Atlántida, la que se hallaría -según Georgeos Díaz- en algún punto entre el triángulo formado por el área del Estrecho de Gibraltar, el Golfo de Cádiz, las costas de Marruecos y las Islas Madeira como punto más remoto posible.
En su denodado esfuerzo intelectual por descifrar definitivamente el enigma de la civilización Atlántica que Platón denominó con ese mismo nombre, Díaz-Montexano ha conseguido hallar varias referencias de otros autores clásicos, anteriores a Platón, que dan fe de la existencia de una isla o península que, al igual que la Isla Atlantis de Platón, se ubicaba justo delante del Estrecho de Gibraltar, entre Gadira o Gades -la actual Cádiz- y las costas de Marruecos.
Estas referencias aportan muchos datos reveladores que confirman los datos geográficos aportados por Platón cuando describía el emporio Atlante, su isla principal o acrópolis y la ubicación de esta delante de las “Columnas de Hércules” (Gibraltar) entre Gadira (Cádiz) y el Atlas (Marruecos). Dichas referencias fueron hechas por otros autores de la antigüedad anteriores al filósofo ateniense, y a los que se les concede una considerable fiabilidad en sus descripciones como son Eutímenes de Massalia (500 a.C.), Anacreonte (570 a.C.- inicios del V a.C.), Hecateo de Mileto (560-480 a.C.), Ferécides (456 a.C.), Píndaro (518-438 a. C.), Eurípides (485-306 a. C.), Heródoto (484-430/424 a. C.), Isócrates (436/5-338 a.C.), Euctemon (436/424 a. C.) y Damastes de Sigeon (V a. C.). Estos autores mencionan a otras islas también situadas en el entorno de Gibraltar y en los confines de las costas Atlánticas de Iberia y Marruecos, estas islas son Aliba, Etheria, Scheria, Erythea, Gadeira, Sarpedonia, Ogigia y Tartessós, y es muy posible que muchas de ellas sean diferentes formas de denominar a la misma isla o península que Platón nombró como isla Atlántica o de Atlante.
Si los primeros traductores modernos de los textos latinos y griegos de Platón se hubiesen preocupado por traducir los textos ajustándose lo máximo posible a las propias palabras escritas, a sus verdaderos significados etimológicos y contextuales, es decir a traducir metafrásticamente o literalmente -justo lo que ha hecho Díaz-Montexano- y no a interpretar sobre lo que se supone que quiso decir Platón, pues probablemente jamás se habrían escrito tantas fantasías y especulaciones infundamentadas sobre la Atlántida ni se habría intentado buscar sus restos por casi todos los rincones de la tierra, hasta en los puntos más absurdos y remotos de las “Columnas de Hércules” o Estrecho de Gibraltar.
Entre estos errores de interpretación se halla el que “la Atlántida era un enorme continente situado más allá de las Columnas de Hércules en el medio del Océano Atlántico”. La Atlántida no era un continente sino una isla, no estaba “más allá” de las Columnas de Hércules (Gibraltar) sino delante, junto o cerca de las propias Columnas, y no se hallaba en el medio del Océano sino en un piélago o archipiélago, un estrecho o brazo de mar que el propio Platón denomina con el nombre de Estrecho de las Columnas de Hércules.
La palabra Océano ni siquiera existe en la narración de Platón sobre esta civilización Atlántico-Gadírica. Y en cuanto al tamaño de la isla o península Atlántica o de Atlantis, Platón siempre se refiere a la misma como una Nêsos, que en griego se usaba lo mismo para denominar a las islas que a las penínsulas, como por ejemplo, el Peloponesos, que es una península griega.
Platón no dice tampoco que Atlantis fuera más grande que Libia y Asia sino que esta era la isla mayor de Libia y de Asia, lo que se traduce como que la isla Atlantis era la mayor o la más grande, comparada con las islas de la Libia (el territorio norte y noroeste de África, desde Marruecos hasta Egipto) y con las islas del Asia (Asia menor). Atlantis o Atlántida era pues una isla no un continente, y las dimensiones que ofrece Platón de su llanura costera, 3000 estadios de longitud (este-oeste) por 2000 estadios de latitud (norte-sur), son las mismas que ofrecen otros autores clásicos para la extensión del reino de Tartessós o de la Turdetania. ¿Simples coincidencias?
 
 
 
Las pruebas geológicas

 

Aparte de los errores de interpretación, ¿podría haber existido una isla o islas en el estrecho de Gibraltar? Hoy en día no existe ninguna isla parecida en esa zona. La explicación a esto se divide en dos puntos:
-Punto 1: El nivel del mar en la época de la que Platón nos habla (hace unos 4.000 años) era bastante más bajo de lo que es en la actualidad, unos 100 metros menos, según expertos geólogos. El planeta no se había recuperado todavía de la última glaciación y los mares tenían menos agua y los casquetes polares eran mucho más grandes. Los países nórdicos eran zonas permanentemente heladas o muy frías, mientras que el Mediterráneo y en especial la zona del estrecho de Gibraltar, actualmente muy seca y calurosa, era entonces un lugar templado y lleno de vegetación.
Con 100 metros menos de agua, aparecerían nuevas llanuras e islotes en el estrecho, y las líneas costeras de la península Ibérica y Marruecos serían distintas. Incluso el estrecho sería algo más “estrecho” de lo que es hoy en día.
-Punto 2: La zona de estrecho de Gibraltar es un área geológica muy activa. Recordamos que por ahí se dividen las placas tectónicas de Europa y África, por tanto es una zona muy propensa a terremotos y volcanes. De hecho es bastante normal la aparición de pequeños terremotos en el sur de España y las diferentes islas de la parte atlántica tienen en su mayoría un origen volcánico (las Islas Canarias, por ejemplo).
Esto daría lugar a diversas hipótesis a la desaparición de la Atlántida: un gran terremoto, un gran tsumani, el hundimiento de las islas, etc… que se vendría a sumar el incremento del nivel del mar.
La expedición científica y los hallazgos arqueológicos
A finales del mes de Agosto de 2004, una expedición científica dirigida por Georgeos Díaz-Montexano se dirigió hacia las costas del Suroeste de Andalucía. El objetivo era la exploración del área del Estrecho de Gibraltar, Cádiz y las costas marroquíes con vistas a detectar posibles restos arquitectónicos o estructuras artificiales sumergidas y poder documentarlas y filmarlas.
Estas posibles ruinas bajo el mar podrían demostrar, científicamente, la veracidad de las descripciones realizadas por los autores de la antigüedad y si hubiera suerte, tal vez la existencia misma de la isla-acrópolis de Atlantis o la muy buscada también ciudad de Tartessós. Para estos propósitos se organizó un equipo de científicos, especialistas y buzos españoles los cuales se han estado sumergiendo bajo las aguas en algunos puntos comprendidos desde el Estrecho de Gibraltar hasta los alrededores de Cádiz y Huelva, con el único objetivo de obtener imágenes y filmaciones para ponerlas después a disposición de la comisión nacional de patrimonio histórico-arqueológico y la UNESCO. El soporte fílmico está siendo garantizado por una prestigiosa productora hispano-norteamericana (National Geographic) que está acompañando a la expedición debido al interés de dos importantes cadenas televisivas norteamericanas por documentar el proyecto de “Atlantis en Gibraltar, entre Iberia y África” que dirige Georgeos Díaz-Montexano.
Hasta la fecha han sido localizados al menos tres yacimientos claves para dichas investigaciones y teorías, puesto que se tratan de claras estructuras artificiales o elementos arquitectónicos, muros, adoquines o bloques, construcciones semicirculares, ruedas de molino, pilares, losas o sillares, canales y pozos circulares, silos o chimeneas de posibles recintos funerarios. Todas estas evidencias se están descubriendo entre los -10 y los -30 metros de profundidad y a varias distancias de las costas, justo en la misma área donde Georgeos Díaz-Montexano -desde hace años- venía pronosticando a través de varias publicaciones que se hallarían restos de la civilización Atlántica que Platón denominó como Atlántida o de Tartessos, ya que es muy probable que ambas sean una misma civilización.
Según los estudios científicos oceanográficos y paleogeográficos más recientes, estas evidencias tendrían que datarse en varios miles de años antes de la llegada de los romanos a la Península Ibérica, por las profundidades en las que aparecen. Sin embargo, la arqueología académica no admite la posibilidad de la existencia de una proto-civilización tan desarrollada y organizada como la que está apareciendo bajo las aguas del Estrecho de Gibraltar y con una antigüedad que, según los datos paleogeográficos y batimétricos, podría remontarse a más de 3.000 o 4.000 años antes de la llegada de los fenicios y griegos a las costas Atlánticas. O bien los datos de los oceanógrafos y paleógrafos no son del todo correctos o la arqueología se verá obligada a rectificar la cronología convencional establecida para los orígenes de las civilizaciones occidentales. Georgeos Díaz-Montexano, piensa que la solución podría estar en un punto medio. Las evidencias halladas serían, ciertamente, más antiguas que lo estimado por la arqueología, pero más recientes que lo que se infiere de los datos paleogeográficos. Por consiguiente, es muy probable que ambas ramas de la ciencia deban rectificar y ajustar sus cronologías y dataciones.
Esta investigación sigue todavía en marcha, para más información diríjanse a la web oficial:
 

 

 
DEL REY CRONOS DE LA ATLÁNTIDA
 
Recientemente ha sido publicada una noticia, sobre el Tesoro de Príamo. Según esta publicación el gobierno ruso tras muchos años de silencio, ha decidido exponer este tesoro en el Museo Pushkin de Moscú. Recordemos que dicho tesoro, junto con la ciudad de Troya, fue descubierta en 1873, al norte de Turquía, por el arqueólogo alemán Heinrich Schliemman.
En 1880, Schliemman después de adquirir por 50.000 francos de oro, los derechos de propiedad del tesoro al gobierno de Turquía, lo legó a Alemania donde se exhibió en uno de los principales museos de Berlín.
La colección de este tesoro, cuyo origen se sitúa entre los años 2600 y 2300 antes de Cristo y por lo tanto anterior al rey Príamo, comprende 8.700 piezas de oro, plata, piedras preciosas, entre ellas, vasos, máscaras mortuorias, jarrones, etc.
En los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, los nazis guardaron esta colección en el bunker que estaba situado en la estación ferroviaria Bahnhof Zoo.
Durante muchos años se creyó que el tesoro había desaparecido a causa de los bombarderos que llegaron a destruir el bunker, pero, según los hechos recientes, una comisión soviética encargada de buscar trofeos de guerra, se lo llevó a Moscú en julio de 1945 por deseo expreso de Stalin, el entonces mandatario soviético. Ahora Alemania reclama los derechos de propiedad sobre el Tesoro del Rey Príamo, al igual que lo reclama el gobierno de Turquía, por haber sido hallado en su territorio.
Todo esto hace que recordemos y nos interesemos por aquella inscripción, encontrada en un jarrón que formaba parte del tesoro; la cual decía:
“Del Rey Cronos, de la Atlántida”
A través de varios autores y obras, han llegado a nosotros, gran cantidad de datos e información sobre ese continente desaparecido que fue la Atlántida. El V. M. Samael Aun Weor, nos habla en algunas de sus obras de este continente sumergido. También podemos encontrar relatos sobre ello en algunas obras de Mario Roso de Luna, en las cuales recopilamos gran cantidad de datos.
Vamos a intentar relatar por medio de varias narraciones del doctor Paul Schliemman, (nieto del arqueólogo alemán, Heinrich Schliemman y continuador de la obra de su abuelo), cómo y de qué forma llegaron a afirmar la existencia de ese continente llamado la “Atlántida”.
El artículo escrito por Paul Schliemman, que se publicó en su época, en el New York Heraldy se insertó en infinidad de revistas teosóficas, dice así más o menos:
“La Atlántida fue la región donde primero se elevó la humanidad desde el estado salvaje hasta una civilización más avanzada que la nuestra”.
Esto es cierto sólo en parte, puesto que según nos explica el V. M. Samael Aun Weor el estado primitivo de la humanidad fue la inocencia de la Edad de oro y muchos siglos antes de la civilización atlante, existió con caracteres análogos, la Lemuria.
El artículo sigue así:
“Llegó a ser la Atlántida, una nación tan poderosa que, en el transcurso de cientos de miles de años, conquistó al mundo, colonizó a Egipto, las costas occidentales de África y Europa, Centro América, con los contornos del Golfo de México, valle de Mississipi y costa del Pacífico; el Mediterráneo, el Báltico, el Caúcaso, el Mar Negro, etc…”
El recuerdo de la Atlántida, por otra parte, se encuentra en las leyendas del jardín del Edén de la Biblia, en el jardín de las Espérides de los griegos, el Asgard de los escandinavos, el Tir n’Og de los celtas y en todas las leyendas de una tierra misteriosa y maravillosa, en la que moraban Dioses y mortales semejantes a Dioses.
La historia del Diluvio, cuyas versiones se encuentran en las tradiciones de casi todas las razas antiguas y modernas, son simplemente el recuerdo de la estupenda catástrofe que hizo desaparecer la Atlántida, y cuya desaparición fue llevada por los supervivientes a todas las colonias de la perdida tierra, representando éstas toda la civilización del mundo en aquella época.
De la misma manera, la huida de algunos de los atlantes por un estrecho puente de tierra que unía la Atlántida con lo que es actualmente Bretaña, se conserva en las leyendas del peligroso Puente del Arco Iris, con su filo de navaja, que los escandinavos creían ser el único camino que conducía a Asgard, la morada de los Dioses, en la famosa “Calzada del Infierno” de los libros religiosos de la Edad Media, en las leyendas similares de los Hindús, Mayas y Turanios. Los Dioses y las Diosas de los antiguos griegos, los fenicios, hindús y escandinavos son simplemente los Reyes, Reinas y héroes de la Atlántida, y los hechos que se les atribuyen en la mitología son un confuso recuerdo de sucesos históricos reales. Las religiones de Egipto, Perú y de los Mayas, (la desaparecida raza que constituyó las enterradas ciudades de la América Central y sobre las ruinas de cuya civilización construyeron su imperio los aztecas), fueron las primitivas religiones de los atlantes.
Fue la colonia más antigua de las fundadas por los atlantes el Egipto, cuya civilización resulto una vasta reproducción de la madre tierra. La seguían en orden de antigüedad Perú y Centro América.
El alfabeto fenicio, padre de todos los alfabetos europeos, se derivó de un alfabeto atlante, que fue también transmitido a los mayas por los atlantes. Los símbolos y jeroglíficos de los egipcios y de los mayas provienen de la misma fuente, y así se explica su semejanza, demasiado grande para ser casual.
La Atlántida fue el punto de partida de la familia hindú-europea de las naciones, así como también de los semitas, y probablemente el de los turanios.
Los atlantes poseían un completo conocimiento de la electricidad, el vapor y otras fuerzas naturales. Tenían también aeroplanos, buques de máquinas y explosivos. Eran ingenieros prodigiosos y los primeros trabajadores del hierro. Usaban para la ornamentación el oro y la plata en grandes cantidades, y un metal precioso, ya desaparecido, conocido
como “Orichalcum”.
El doctor Paul Schliemman, hace aquí una de las narraciones más notables y fascinadoras que jamás se han publicado de un descubrimiento.
La Atlántida es el legendario continente mencionado por el filósofo griego Platón. La Atlántida según su historia, fue el hogar de una gran raza civilizada que conquistó y colonizó el mundo. Lo que hoy se conoce como “El Arrecife del Delfín”, una enorme meseta submarina que se extiende entre los 25 y 50 grados de latitud norte y los 20 y 50 grados de latitud oeste, se supone ser sus hundidos restos. Se cree que las Islas Azores son la cima de sus más altas montañas.
En 1890, muere en Nápoles el Arqueólogo Heinrich Schliemman, (el verdadero descubridor), el abuelo del doctor Paul Schliemman; pero antes de morir deja un sobre lacrado al cuidado de uno de sus mejores amigos. El sobre sólo podía ser abierto por un miembro de su familia que jurase solemnemente dedicar su vida a las investigaciones que están contenidas en él. Junto a este sobre dejó otra nota en saque decía: “Rómpase el recipiente con cabeza de lechuga. Examínese el contenido, concierne a la Atlántida. Háganse investigaciones en el este de las ruinas del Templo de Sais y en el cementerio del Valle Chacuna”.
Estos dos sobres fueron depositados en unos bancos de Francia hasta que en 1906 Paul Schliemman, después de terminar muchos de sus estudios y bajo juramento decide hacerse cargo de los documentos. En estos documentos Heinrich Schliemman dejaba bien claro, que el que abriese los documentos tenía que hacerse cargo de las investigaciones. En ellos estaban todos los pasos a seguir, junto con una suma considerada de dinero para cubrir los gastos de la investigación.
Uno de estos documentos dice así textualmente:
“Cuando en 1873 hice las excavaciones de las ruinas de Troya, en Hissarlik, y descubrí en la Segunda Ciudad el famoso “Tesoro de Priam”, encontré entre ese tesoro un famoso jarrón de forma peculiar y de gran tamaño. Dentro de él se hallaban algunas piezas de alfarería, varias imágenes pequeñas de un metal peculiar, monedas del mismo metal y objetos hechos de hueso fosilizado. Algunos de estos objetos y el jarrón de bronce tenían grabada una frase en jeroglíficos fenicios. La frase decía: Del Rey Cronos de la Atlántida”.
Las investigaciones de Heinrich Schliemman, no quedaron simplemente ahí. Años después descubrió una colección de objetos en el museo de Louvre, que habían sido desenterrados en Tiahuanaco, Centro América y entre ellos encontró piezas que eran exactamente iguales a los que años anteriores había descubierto él. Tras largas investigaciones y análisis químicos microscópicos, se demostró que estos objetos estaban hechos con los mismos materiales y que estos materiales no existían ni en la antigua Fenicia ni en Centro América.
Tras analizar los objetos de metal se descubrió que estaban hechos de una aleación de platino, aluminio y cobre, combinación que nunca se había encontrado en las antiguas ciudades. Objetos, pues, perfectamente semejantes y teniendo incuestionablemente una fuente común han sido encontrados en países tan separados como estos. Los objetos no son fenicios, ni miocenos, ni centroamericanos. ¿Cuál es, entonces la conclusión?, que llegaron a ambos lugares de un centro común.
Otras evidencias de la Atlántida, son los papiros egipcios que se encuentran en el museo de San Petesburgo. Estos habían sido escritos en el reinado del Faraón Sent, de la segunda Dinastía, o sea 4571 años antes de Cristo. Estos papiros hacen referencia a una expedición que se envió en el antiguo Egipto en busca de restos de la Atlántida. También hacen referencia a un período de 13.000 años de reinado de los sabios de la Atlántida.
También se encontraron unas tablas en las excavaciones en Troya, que hacían referencia a unas operaciones que realizaban los médicos egipcios para quitar las cataratas de los ojos y las úlceras de los intestinos por medio de la cirugía. Caso curioso es que en los manuscritos Mayas también se encontraban operaciones similares. No debemos olvidar que ni los egipcios ni los mayas eran grandes navegantes, no tenían grandes barcos para cruzar el Atlántico. Por lo tanto la semejanza de la vida y civilización egipcia y maya es tan perfecta, que es imposible pensar que sea casual.
Toda esta serie de informaciones y conclusiones fueron a las que llegó el doctor Heinrich Schliemman después de muchos años de investigación y que dejó escrito en los documentos que más tarde se haría cargo su nieto Paul Schliemman.
Lo primero que hizo Paul Schliemman para comenzar sus investigaciones fue romper el jarrón con la cabeza de lechuza, el cual tenía la inscripción en caracteres fenicios: “Del Rey Cronos, de la Atlántida”. Dentro del jarrón apareció un trozo de metal blanco, parecido a la plata, sobre el que estaban grabadas extrañas figuras y una inscripción que no se parecía a ninguna de las vistas anteriormente. Ello estaba en el anverso de la moneda o medalla. En el reverso había grabadas en fenicio antiguo las siguientes palabras: “Emitido en el Templo de las Paredes Transparentes”.
Si el jarrón era de la Atlántida, el metal debía de haber venido de allí también. Además de esto, también encontró otros objetos que su abuelo había dicho que provenían de la Atlántida. Uno era un aro del mismo metal que las monedas o medallas. Había un elefante de hueso fosilizado de extraña apariencia. También estaba el mapa por el cual el capitán egipcio había buscado la Atlántida.
Según las indicaciones escritas por su abuelo continuó sus investigaciones en las ruinas del Templo de Sais y el Valle de Chacuna, en América. Hizo varias excavaciones alrededor de las ruinas de Sais, se encontraron varios objetos pero ningún vestigio de lo que se deseaba.
Por medio de diferentes contactos
 entró en relaciones con un cazador
egipcio el cual le enseñó una colección
de medallas antiguas que las había encontrado en un sarcófago.
Este sarcófago era de un sacerdote
de la Primera Dinastía
del Templo de Sais, el Templo que conservaba la tradición de la Atlántida y cuyo sacerdote la había relatado a Solón, el templo que había sido fundado por un hijo de la Atlántida que había huido con un hijo de Cronos, el nombre que estaba en el jarrón de Hissarlik que tenía la moneda. ¿Cómo explicar esto?
Por lo tanto sus investigaciones iban progresando, tenía la moneda del Jarrón de Troya y las dos encontradas en el sarcófago.
Con la ayuda de dos grandes expertos geólogos franceses examinaron la costa occidental de África y los puntos donde su abuelo había indicado que se encontraba la Atlántida. Estos lugares estaban cubiertos por restos volcánicos. Se encontró un objeto bastante importante para sus investigaciones se trataba de una cabeza de niño hecha con el mismo metal que el empleado para las monedas.
Seguidamente en París, se puso en contacto con el poseedor de una colección de objetos centroamericanos al que su abuelo había hecho alusión. Tras romper el jarrón con cabeza de lechuza, extrajo otra moneda exactamente igual a las que ya poseía.
Se dirigió al Centro América, México y Perú, para continuar con sus investigaciones. Encontró varios fragmentos de jarrones con cabezas de lechuzas, inscripciones de gran valor, y en la pirámide de Teotihuacan, en México, encontró medallas del mismo metal, pero con diferentes inscripciones.
Paul Schliemman tenía suficientes razones para decir que las extrañas medallas se usaron como dinero en la Atlántida hace unos cuarenta mil años. Estas razones están basadas no solamente en sus propias investigaciones, sino también en otras de su abuelo que aquí no se han mencionado. El “Templo de las Paredes Transparentes”, era una de las Tesorerías Nacionales del perdido continente. Como los atlantes y más tarde los egipcios, los mayas y los chinos eran naciones sacerdotales y es natural que los templos fueran considerados como el centro y base de la vida política y social, así como también la cuna del arte, de la ciencia, de la educación y de la religión.
El Templo atlante de las Paredes Transparentes era generalmente un importante lugar de reunión pública. Sus trabajos podían ser presentados por las masas. ¿Tenía la palabra “transparente” un significado simbólico, o existía realmente un edificio con paredes transparentes? Sin embargo, se puede probar que los fenicios aprendieron a hacer vidrio del “pueblo que vivía más allá de las Columnas de Hércules”. Es necesario decir que el país que empleaba las antiguas medallas como equivalente del trabajo, tenía un sistema muy adelantado de circulación.
Según los jeroglíficos encontrados y otras evidencias se demuestra que las civilizaciones de Egipto, Miocena, Centro América, Sur América y Mediterráneo tuvieron un origen común.
Pasamos a transcribir la traducción de un manuscrito maya que es parte de la famosa colección de Le Plongeon, los manuscritos de Troano, y que puede verse en el Museo Británico, dice así:
“En el año 6 de Kan, el II Muluc, en el mes Zrc, ocurrieron terribles terremotos que continuaron sin interrupción hasta el 13 Chuen. El país de las lomas de barro, la tierra Mu, fue sacrificada. Después de dos conmociones, desapareció durante la noche, siendo constantemente estremecida por los fuegos subterráneos, que hicieron que la tierra se hundiera y reapareciera varias veces y en diversos lugares. Al fin la superficie cedió y diez países se separaron y desaparecieron. Se hundieron 64 millones de habitantes 8.000 años antes de escribir este libro”.
En los archivos del antiguo templo budista de Lhassa, puede verse una antigua inscripción caldea escrita unos 2.000 años antes de Cristo y que dice:
“Cuando la estrella Bal cayó en el lugar donde ahora sólo hay mar y cielo, las Siete Ciudades con sus Puertas de Oro y Templos Transparentes temblaron y estremecieron como las hojas de un árbol, movidos por la tormenta. Y he aquí que una oleada de fuego y de humo se elevó de los palacios; los gritos de agonía de la multitud llenaban el aire. Buscaron refugio en sus templos y ciudadelas y el sabio Mu, el Sacerdote de Ra-Mu se presentó y les dijo:
¿No os predije todo esto?
Y los hombres y mujeres, cubiertos de piedras preciosas y brillantes vestiduras, clamaron diciendo:
iMu, sálvanos!
Y Mu replicó:
Moriréis con vuestros esclavos y vuestras riquezas, y de vuestras cenizas surgirán nuevas naciones. Si ellos se olvidan de que deben ser superiores, no por lo que adquieran sino por lo que dan, la misma suerte les tocará. Las llamas y el humo ahogaron las palabras de Mu, y la tierra se hizo pedazos y se sumergió con sus habitantes en las profundidades de unos cuantos meses”.
¿Qué se puede decir de estas dos historias, una del Tíbet y otra de Centro América, que relatan ambas el mismo cataclismo y que se refieren ambas a la misma tierra Mu?
El arqueólogo Heinrich Schliemman después de ver las inscripciones que había encontrado en los Tumbas-Gúpulos de Mioceno dice:
“La religión de Egipto es preeminentemente la adoración al Sol. Ra era el Dios-Sol de los egipcios. La religión de los mayas de Centro América era la misma. Ra-Na era el Dios-Sol de los antiguos peruanos.
Mis largos estudios arqueológicos de las diversas naciones han probado que todos ellos tienen su infancia y pubertad. Pero no he podido encontrar trazos de un Egipto tosco y salvaje o de una raza maya muda y bárbara. He encontrado ambas naciones en madurez aún en su tiempo más remoto: hábiles, poderosos y sabios. No he podido encontrar época en la cual carecieran de habilidad para organizar su trabajo, ni para abrir canales, ni para construir carreteras, pirámides, astronomía y los principios de un gobierno excelentemente organizado. Al igual que los mayas, los egipcios practicaban la monogamia y construían sus ciudades y templos en la misma forma, demostrando un conocimiento técnico y habilidoso que es aún un problema para nuestros actuales ingenieros. Amas naciones tenían una casta intelectual, pero las relaciones entre las distintas clases eran cordiales y humanitarias. Su principio básico de gobierno era el mismo”.
“Lepsius encontró los mismos símbolos sagrados en las ceremonias de los egipcios y de los peruanos. Le Plongeon, el gran arqueólogo francés, recobró en Chichen-ltza (Yucatán), la figura de un Dios que ostentaba en todos sentidos los mismos atributos que el gran Dios Thoth de los egipcios”.
“La parte exterior de las pirámides egipcias y americanas está cubierta por una capa de cemento bruñido y brillante, de una solidez que no han podido conseguir nuestros constructores. Humbott consideraba la pirámide de Cholula del mismo tipo que el Templo de Júpiter en Belus.
Tanto en América como en Egipto se construían las pirámides de la misma forma. He encontrado que las pirámides a ambos lados del Atlántico están construidas con sus cuatro lados colocados astronómicamente como los brazos de una cruz y en la misma dirección. En todos ellos la línea que atraviesa su centro está sobre el meridiano astronómico. La construcción en forma de grada es la misma y en ambos casos las pirámides mayores estaban dedicadas al Sol”.
Hasta aquí los relatos sobre la Atlántida realizados por el doctor Paul Schliemman y que han sido reflejados por el gran escritor teosófico Don Mario Roso de Luna en su magna obra titulada “De Sevilla a Yucatán”.
La Atlántida poco a poco ha emergido del fondo de los océanos mediante los descubrimientos, tal como el Tesoro de Príamo y las nuevas investigaciones que la ciencia está realizando, día a día, trae consigo nuevos descubrimientos al respecto. La Atlántida no es por tanto una bella teoría platónico, sino por el contrario una realidad que poco a poco se irá acrecentando.

http://ssb.mforos.com/962272/6348491-leyendela-de-la-atlandida/  

 

 

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6 comentarios

  1. NOTA 1. La parte final del post Cronos rey de la Atántida no he sido capaz de encuadrarla adecuadamente. Pido disculpas.El editor corta alguna letra de las líneas aunque eso no impide la lectura. He mantenido el texto ya que es muy interesante.
    NOTA 2. Hay autores que ponen en duda los descubrimientos de Paul Schliemann, e incluso dudad de que fuera nieto del descubridor de Troya.

  2. Bestial, como te lo curras, Kasa, querido. Porque ya te ha dao el premio “Vale la Pena” el Eurotopía…, en fin, que me he quedado con las ganas de dártelo yo. Besikkkos.

  3. Hola Casa, acabo de regresar de unos placenteros días en la sierra con toda la familia en derredor. Así que, sin pensarlo más, me adentro en tu nuevo espacio y me encuentro con el siempre fascinante mundo de la Atlántida y el denso capítulo de datos que aportas.
    Evidentemente, nada hay demostrado sobre la existencia del citado mítico continente. Pero yo pienso que, cuando tanto se ha hablado y escrito sobre el tema, cuanto tantos hombres de ciencia se han interesado por el…algo debe haber, ¿no te parece?
    Con independencia de la realidad de lo que podría definirse como un tema de arqueología-ficción, o de un compendio de mitología-historia-ficción, entiendo que siempre es bueno e interesante que existan temas de esta índole. Ayudan a mantener vivo el espírito del interés por lo desconocido, que siempre a sido de gran ayuda para el dsesarrollo intelectual en la especie humana…El querer saber más alla de lo extrictamente tangible.

    Gracias ppor tan buena aportación.

    Un abrazo.

  4. Perdón, al releer mi anterior coment, he visto que una “h” se me ha escabullido la muy perversa.
    Disculpas.

  5. Hola amigos,Casa y Álvaro:un placer inmenso estar en tu nuevo blog.Magnífica ponencia sobre ese mítico y maravilloso mundo de la Atlántida, tantas veces mencionado en obras de filósofos,músicos, pintores, poetas…
    Pienso que queda tanto por afirmar su realidad que estos repasos históricos vienen siempre fenomenal y ojalá se siga investigando tantas maravillas como guardan nuestras raices.
    Mi reconocimiento de gratitud para este gran extremeño D. Mario Roso de Luna.Por sus extraordinarias aportaciones y su sabiduría.
    Besitos en la noche larga. Con mis mejores rosas primaverales. Salud. Carmendy

  6. Hola, Kas. Estos post me los voy a leer pues son cosas de las que siempre oíste, pero no leíste bien.
    Espero que pasaras un rebuen fin de semanota!!!!!
    Besitos y abrazotes de buenasemanota. Yo tengo todavía el lunes, jejejjejjejejes;;;)))))) Para ordenar cositas por aquí;;;))))
    Muacs!!!


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