Los increíbles costos de la guerra, en vidas y en dólares

IMPOTENCIA. APENAS CON UN MATAFUEGO EN LA MANO, UN BOMBERO OBSERVA LA DEVASTACION ABSOLUTA Y EL VACIO DONDE ANTES ESTABAN LAS TORRES. Ampliar

IMPOTENCIA. APENAS CON UN MATAFUEGO EN LA MANO, UN BOMBERO OBSERVA LA DEVASTACION ABSOLUTA Y EL VACIO DONDE ANTES ESTABAN LAS TORRES.

El ataque a Afganistán posterior a los ataques fue comprensible, pero la invasión de Irak fue totalmente ajena a Al Qaeda, a pesar de que Bush trató de establecer un vínculo. Aquella guerra que se eligió llevar a cabo se convirtió de manera rápida en muy costosa, alcanzando órdenes de magnitud que fueron más allá de los US$60 mil millones que se afirmaron al principio, ya que una colosal incompetencia se encontró con tergiversaciones deshonestas.

Cuando Linda Bilmes y yo calculamos los costos de la guerra, hace ya tres años, la cifra conservadora alcanzó entre 3 y 5 billones de dólares. Desde aquel entonces, los costos se han elevado aún más. Debido a que casi el 50% de las tropas que regresan cumplen los requisitos para recibir algún tipo de pago por incapacidad, y hasta el momento más de 600.000 de ellos han sido atendidos en instalaciones para veteranos, estimamos que los pagos por incapacidad y asistencia médica en el futuro alcanzarán una cifra que se encuentra entre los 600 y 900 billones de dólares. Los costos sociales, que se reflejan en los suicidios de veteranos y las desintegraciones familiares, son incalculables.

Aun en el caso de que Bush fuera perdonando por llevar a Estados Unidos, y a gran parte del resto del mundo, a la guerra con pretextos falsos, no hay excusa para la forma en la que eligió financiarla. La suya fue la primera guerra en la historia pagada enteramente con créditos.

Hoy en día, Estados Unidos centra su atención en el desempleo y el déficit. Estas dos amenazas pueden ser remontadas, y no en menor medida, a las guerras en Afganistán e Irak. El aumento en los gastos de Defensa, junto con los recortes tributarios de Bush, forman la razón clave por la que Estados Unidos pasó de un superávit fiscal de 2% del PIB cuando Bush fue elegido, a su lamentable déficit y situación de deuda de hoy. El gasto público directo en dichas guerras, hasta el momento, asciende a aproximadamente 2 billones de dólares, lo que significa 17.000 por cada hogar estadounidense, y existen gastos cuyas facturas aún no se reciben que aumentarán dicha cifra en más del 50%.

Como argumentamos en nuestro libro La Guerra de los Tres Billones de Dólares, las guerras han contribuido a la debilidad macroeconómica de Estados Unidos, lo que exacerbó su déficit y deuda. En aquel entonces, como ahora, la agitación en el Oriente Medio condujo a precios del petróleo más elevados, lo que obligó a los estadounidenses a gastar dinero en importaciones de petróleo que de otra manera podría haber gastado en la compra de bienes producidos en EE.UU. La Reserva Federal escondió estas debilidades, creando la burbuja inmobiliaria que condujo al boom de consumo.

Irónicamente, las guerras han debilitado la seguridad de Estados Unidos (y del mundo). Una guerra impopular hubiera dificultado el reclutamiento militar bajo cualquier circunstancia. Pero como Bush trató de engañar a Estados Unidos sobre los costos de guerra, financió insuficientemente a las tropas, inclusive negándose a realizar gastos básicos; por ejemplo, fondos para vehículos blindados y resistentes a minas que son necesarios para proteger vidas o fondos para la adecuada asistencia médica de los veteranos que regresan. Un tribunal de EE.UU. dictaminó recientemente que los derechos de los veteranos habían sido violados.

La extralimitación militar ha dado lugar al nerviosismo sobre el uso de la fuerza militar, y el conocimiento que otros tienen sobre eso ha debilitado también la seguridad de Estados Unidos. Pero la verdadera fuerza de Estados Unidos, en vez de encontrarse en su poder militar y económico, se encuentra en su “poder blando” en su autoridad moral. Y dicho poder también se debilitó, ya que EE.UU. violó derechos humanos básicos como el hábeas corpus y el derecho a no ser torturado.

En Afganistán e Irak, los EE.UU. y sus aliados sabían que para alcanzar la victoria a largo plazo se necesitaba ganar corazones y opiniones. Pero los errores cometidos en esas guerras complicaron la ya difícil batalla. El daño colateral de la guerra ha sido masivo: según algunas versiones, más de un millón de iraquíes han muerto, ya sea de manera directa o indirecta, a causa de la guerra. Según algunos estudios, por lo menos 137.000 civiles han muerto violentamente en Afganistán e Irak en los últimos diez años; sólo entre los iraquíes, hay 1,8 millón de refugiados y 1,7 millón de personas desplazadas dentro del mismo país.

No todas las consecuencias fueron desastrosas. Algunos de los gastos que se aumentaron se desperdiciaron en armas que no funcionan contra enemigos que no existen. Ahora, por fin, esos recursos serán reubicados, y EE.UU. probablemente obtenga mayor seguridad pagando menos. El legado estará con nosotros durante mucho tiempo. Vale la pena pensar antes de actuar.

* Joseph E. Stiglitz es profesor universitario en Columbia University y Premio Nobel de Economía.
Traducción: Rocío L. Barrientos

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