Libia: la verdad cuenta en la historia – Río Yalu, (Corea 1951), Dien Bien Phu en (Vietnam 1954), Bahía de Cochinos (Cuba 1961), Argelia (1962), Nicaragua (1979), Cuito Canavale (Angola 1988), Al Nasiriya (2003), Líbano (2006), Afganistán, Irak, Libia

 

Libia no parece el camino de rosas que pensaron transitar sus invasores. La propia OTAN se declara “sorprendida” por la feroz resistencia de ese pueblo

 

Con la misma fuerza que una puntilla puede entrar en la madera martillada por un gigante, en un poema político alguien sentenció alguna vez: “Un clavo es un medio de trabajo; pero un clavo situado en medio de la calle por donde pasará el enemigo, es un arma estratégica.”

Hace tiempo ya, mientras caían las cortinas a naciones socialistas de Europa Occidental y la URSS, con Pacto de Varsovia incluido, no pocas veces se hizo alusión al considerable atraso que en materia militar estas potencias cargaban sobre sus espaldas, mientras las flamantes fuerzas armadas militares norteamericanas perfeccionaban hasta la exquisitez armas y medios de combate, ante lo cual –parecía- que lo más aconsejable sería ceder, arrodillarse o vender cara la vida.

La hasta entonces llamada Europa comunista, llevaba también sobre sus harapos y cenizas el fardo de haberse defendido (o estar lista para hacerlo) con un deprimente y obsoleto sistema de defensa.

Sin embargo, en medio de aquel período de implantación acelerada de economías de mercado y destrucción de estatuas de Marx, Engels y Lenin desde Berlín hasta Liberia, el General de división cubano Sixto Batista Santana, ante un grupo de amigos de la Isla, dejaba sentada una verdad tan irrevocable como que dos más dos son cuatro: “Ahora afirman que el armamento soviético es atrasado. Pues bien, con ese mismo armamento Cuba derrotó dos veces a las tropas sudafricanas en Angola.”

Quien sepa un mínimo de estos acontecimientos, sabe cuán grande fue la paliza para los portadores del la racista doctrina del apartheid, en su “aventura”, colonial en tierra de Agosthino Neto.

En tal sentido, el Comandante en Jefe Fidel Castro ha declarado muchas veces en algo más que un simple juego de palabras: El arma vale lo que vale el hombre que la maneja.”

Meses atrás, mientras -en “el nombre de Dios y la sacrosanta democracia representativa”- se organizaba la carnicería y conquista de la nación Libia, derechistas furibundos y sietemesinos pensaron que la victoria sería cuestión de un abrir y cerrar de ojos.

Aviones inteligentes, cañones inteligentes, fusiles inteligentes… Todo parecía perfecto para doblegar al pueblo libio, pero no tuvieron en cuenta la entereza y resistencia de Libia, los invasores no han aprendido esa lección.

¿Qué fuerza terrenal o divina podría detener a los perfectos enviados del Todopoderoso? Cierta lógica indicaba que sería así. Cuando avanzaron “victoriosos” un tanto, los derechistas y sietemesinos aplaudieron a rabiar, pero Trípoli no es, precisamente, el Berlín derrotado de 1945.

La bandera soviética sobre el búnker fascista –a pesar de no existir la Unión Soviética- permanece victoriosa en los grandes caminos de la Historia Universal, aunque cierto es que se debe permanecer alertas. Sin embargo las banderas de la OTAN y la reacción no ha podido ondear en buena lid en una Libia que se resiste y se resistirá a la dominación, aun cuando el país sea ocupado.

Un clavo que le sale al paso al enemigo es un arma estratégica, decía el poema que hace tiempo leí. Un calvo, un camino oscuro, una calle apartada, una piedra, un rústico fusil; una granada pasada de moda, un puño, que no pasa de moda… Cualquier cosa, en nombre de la libertad, puede ser un arma mortal contra un contrario “sofisticado”, pero vulnerable.

Según los creyentes, es en la Biblia donde la verdad está. Yo que soy ateo digo que la verdad está en la Historia. Verdad que se repite una y otra vez para bien o para mal y enseñanza de los hombres.

No hay nada nuevo bajo el Sol. Libia será para Obama , lo que Viet Nam fue para Nixón o España para Napoleón , en el siglo XIX, lo que Cuba fue, en ese mismo siglo, para Martínez Campo o Valeriano Weyler. Ya todo está escrito. La Historia como la Biblia es también una sagrada escritura. No dudo que, por obviar a la primera, los hombres repitan una y otra vez los mismos errores, pero, precisamente por obviarla, casi siempre les toca pagar un alto precio.

No sé si los conquistadores de estos tiempos saben o recuerdan a la hijos de Zaragoza insurgente esperando con agua hirviente a las tropas del Mariscal Bonaparte, no sé si alguno recuerda el infierno que aldeanos, mujeres, niños y otros miembros de la resistencia (a pesar de unos reyes españoles perfectamente estúpidos y cobardes) les preparaban en los caminos y esquinas; no sé si alguno recuerda a los propios norteamericanos, en vapuleada minoría mas con la razón de su parte, desafiando el poderío del ejército británico para lograr la independencia de las Trece Colonias, no sé si alguno recuerda a los harapientos, pero dignos mambises cubanos defendiendo su independencia con una jícara hecha con coco, destinada habitualmente a beber agua o aguardiente; no sé si alguien recuerda que, por lógica militar, estudiada hasta la saciedad, los vietnamitas no podían ganar jamás la guerra que finalmente ganamos… con medios tan “sofisticados” como las trampas de bambú.

Hace unas horas leía un despacho que daba cuenta que el portavoz OTAN, coronel canadiense Roland Lavoie, acaba de declarar que la resistencia del pueblo libio es “sorprendente habida cuenta que los combatientes no pueden pretender cambiar la situación sobre el terreno”.

Reconoce muy a su pesar que se está enfrentando a todo un pueblo bien resuelto a defender su libertad e independencia o a morir. Incapaces son con su mentalidad racista que considera “inferiores” a los musulmanes africanos, árabes, negros y los habitantes de otros pueblos del Sur, que las masas libias conducidas por las tribus, las unidades militares patriotas, los Comités Populares y de mujeres, estén mostrando tanto arrojo y heroísmo.

Los imperialistas subestiman a las masas y de ahí tantas derrotas: Río Yalu, (Corea 1951), Dien Bien Phu en (Vietnam 1954), Bahía de Cochinos (Cuba 1961), Argelia (1962), Nicaragua (1979), Cuito Canavale (Angola 1988), Al Nasiriya (2003), Líbano (2006)… Y ahora mismo Afganistán, Irak, Libia…

El presidente norteamericano cree que sumando nuevas fuerzas al conflicto y masacrando población civil a mansalva, hará sus propósitos de dominación. Se equivoca el hombrecito. Han vuelto a caer en una trampa. El mejor armamento del mundo parece contener a un opuesto que, con coraje ilimitado y lo poco que tiene a mano para defenderse, va echarlo de la tierra ajena a mordidas y escupitajos.

Por Elias Argudín en la sección

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