De cómo Peter Pan nos lleva al País de Nunca Jamás

(Un artículo de José Ramón Cervera Grau para inSurGente).- No deja de sorprender cómo todos los grandes acontecimientos de los últimos meses prosiguen en la línea del cumplimiento de un guión que parece ya trazado de antemano, una profecía autocumplida, donde acontecimientos en apariencia disímiles convergen en un discurso que los unifica: El cambio global.

El comunicado del 15 Octubre de Global Change-15-M “Unidos por un cambio global” tiene un párrafo muy revelador al respecto:

 

El 15 de Octubre, unidos en la diversidad, unidos por un cambio global, exigimos democracia global: gobierno global por el pueblo, para el pueblo. Inspirados por nuestras hermanas y hermanos en Túnez, Egipto, Libia, Siria, Bahrein, Palestina-Israel, España y Grecia, llamamos también por un cambio de régimen: un cambio de régimen global.” .

 

No encuentro diferencias en el contenido del último manifiesto 15-M respecto de las declaraciones del Sr. de las Moscas, Mr. Obama; cuando al poco del linchamiento de Gadafi proclama:

 

“Para la región, los acontecimientos de hoy prueban una vez más que los regímenes de mano dura acaban siempre por desaparecer. En todo el mundo árabe, los ciudadanos se han levantado para reclamar sus derechos. Los jóvenes rechazan con fuerza las dictaduras. Y esos dirigentes que intentan negarles su dignidad no lo conseguirán”.

 

Estas palabras, que podrían ser las de un posible líder en la sombra de Global Change que dicen que no hay; por un lado intentan disculpar el crimen en aras de un bien mayor inexistente y por otro, animan a los “indignados” árabes a seguir con las revueltas contra los tiranos que así determine y conceptúe como tales el imperio. Es la guerra global y permanente.

 

¿No chirría que en el manifiesto del 15-O se incluya como ejemplo de cambio global a seguir por toda la humanidad el de los « hermanos libios » ?, ¿es motivo suficiente para tirarse a este precipio que este manifiesto esté firmado por Chomsky y Galeano?, ¿todavía guardamos aquel culto a la personalidad de tan triste memoria y que convierte en infalible al oráculo intelectual?, ¿no deberíamos nosotros y los oráculos estar más a la altura insigne de los hombres comunes, es decir, del sentido común?. No podemos aspirar a que el oráculo reconozca que es falible. Va en contra de su naturaleza. Pero si que debemos mantenernos muy alerta y saber lo que firmamos para que se lo piensen mejor los contratistas ante nuevos pactos satánicos que sin duda están redactando para proseguir con sus cambios a través de la guerra .

Por lo que se deduce de la lectura de ese manifiesto, ¿está previsto ese cambio de régimen a nivel global por los mismos medios y procedimientos utilizados en Libia, ya que nada se menciona sobre cómo “triunfa” esta “revuelta”, mencionándose además como “ejemplo a seguir”?, ¿lo tienen ya negociado con la ONU y la OTAN, máximos responsables de los “cambios”?. Si no estuviésemos bajo mínimos, en pleno infantilismo social, esto sería un delirio de colaboracionismo torpe e ignorante; visto lo visto e intuido con lo poco entrevisto, lo mucho que nos esconden sobre una miserable guerra que no ha concluido.

Recordemos las movilizaciones masivas contra la guerra de Irak, ¿hubiese calado este falso discurso antidictatorial y por el cambio que está claramente inducido?. El mismo manifiesto del 15 de Octubre optaba por señalar, sin venir a cuento y de manera un tanto forzada lo siguiente:

 

Las instituciones internacionales no democráticas son nuestro Mubarak global, nuestro Assad global, nuestro Gadafi global”.

 

¿Qué pinta esta desafortunada metáfora comparativa para describir a los capitalistas responsables de la crisis económica?, ¿quién escribe esto y sobre todo, quién puede firmarlo desde posiciones críticas y certeras?. Tan premonitorio sobre el linchamiento salvaje de Gadafi es ese párrafo en medio de la profecía autocumplida del cambio como las declaraciones de H. Clinton un día antes de ese hecho: “Vivo o muerto”.

Los mismos medios que ocultan las matanzas en Trípoli y Sirte y que no han hecho más que mentir y tergiversar hasta el delirio desde el inicio de esta guerra, se dedican sin embargo a hacerle propaganda a este curioso movimiento del cambio global, tan bien visto por el poder que lo promociona y patrocina, bien de modo abierto y directo, bien desde cierta crítica que no hace sino generar más simpatías por sus travesuras y liturgias. Un movimiento que se queda en lo petitorio, en una mitificación de presuntas revueltas exitosas donde en el caso de España, en el mejor de los casos, los medios (la toma de la Plaza), acabaron siendo un fin en si mismo. Si para Lenin el izquierdismo era la enfermedad infantil del comunismo; tenemos que empezar a sospechar que la indignación es el sarampión juvenil e inhabilitante del verdadero cambio, una enfermedad contagiosa y de la que nos tenemos que vacunar desde nuestra propia naturaleza racional . Los fármacos para el cambio que nos han recetado provienen de los mismos laboratorios que diseñan esta falsa disidencia y que fabrican a la vez las bombas que continúan lanzando a día de hoy sobre el pueblo libio.
Qué buenos vasallos si hubiese buen señor, pero antes que clarificar qué causa en verdad defendemos es más fácil seguir el camino marcado por las guerras de cuarta generación y hacer de árbol que oculte el bosque de los crímenes en nuestro nombre que perpetran aquí y ahora.

Si, en nuestro nombre. Hemos sido la coartada humanitaria, la espoleta de esta guerra que para lo sucesivo ya es la guerra en singular, por su éxito formal basado en el silencio cómplice que la acompaña. Este infierno lo hemos empedrado con nuestras buenas intenciones. Al igual que una resolución que determina crear una zona de exclusión aérea acaba gracias a nuestro tácito o entusiasta apoyo en una masacre neocolonial, nosotros también hemos pasado de ser pretexto humanitario a algo más, no reconocido por la abyección que supone; pero en suma, por mucho que duela y nuestro mutismo así lo sustancia; es el conocimiento inconfesable de que el mantenimiento de nuestro estado del bienestar lleva aparejado como siempre la aceptación del expolio de otros países. Y en medio de éste pacto satánico estamos en esta zozobra de no querer ver con mayor horizonte de miras los sucesos. No se opta por el decrecimiento económico si es necesario para guardar la paz, no hay aquí internacionalismo proletario…está el mantenimiento a ultranza y de manera abierta, de nuestro estilo de vida a cualquier precio. Y puede ser legítima esta defensa, pero siempre y cuando quede claro que los derechos sociales son consustanciales a nosotros y al resto de los pueblos y que no vamos a servir de coartada economicista para el combate de las potencias para apropiarse de los recursos a costa de negar el derecho a la vida de los demás. No es casual la ausencia en este manifiesto y en anteriores de una condena rotunda y sin paliativos de una guerra que a los pocos días de comenzar todos sabíamos en qué consistía, optando por el premio de la propaganda gratuita a cambio de dejarnos querer, mientras aguzábamos la vista sobre el propio ombligo. Es nuestra parte de culpa, difícil de admitir; pero seguir en la misma tónica es la demostración de este secreto a voces. Mantenernos en este resignado confort de la conciencia apagada es algo que tarde o temprano nos pasará factura. Ser metrópoli no nos libra de que lo aplicado en las colonias acabe por ejecutarse aquí.

 

¿El premio Nobel de la Paz se suma al carro de la indignación o de resultas del deliberado vacío de liderazgo del que se jactan los indignados y tratándose de un diseño de laboratorio social, asume el sumo sacerdocio ya de manera expresa y fuera de bambalinas, sobre este movimiento coetáneo en su surgimiento a la agresión a Libia?. Libia no es sólo Libia: Supone un antes y un despues. La sabe todo el mundo, incluso para sus adentros lo reconocen los místicos de la primavera árabe. No es ninguna tontería el que a partir de ahora el asesinato de civiles y el linchamiento formen parte de nuestra educación icónica, al lado de nuestros supuestos derechos fundamentales y sólidos principios democráticos. No es ninguna tontería que a partir de ahora las guerras se hagan a petición expresa de rebeldes creados desde el exterior, que permiten de un modo económico y con coartada moral, humanitariamente, provocar el cambio violento de gobierno allí donde decidan los que deciden. El papel de los medios a partir de ahora ya sabemos todos también cual será: Todos sin excepción estarán como ahora en la misma línea probelicista , escondida en el caparazón seudoprogre, antidictatorial y del cambio…por el cambio. Y en el caso de Libia no podemos decir que a mejor. La primavera árabe se nos desvela con velo, en medio de una imperdonable floración de muertos y de sangre. Es otra vez la vuelta al paleolítico de Irak. Lo perpetrado en Libia, el nivel de perversión, desvergüenza e impunidad ha sido tan difícil de rebasar , que el imperio ha optado por ponerlo de ejemplo para lo sucesivo, recetario único para atajar con esta cirugía de serrucho su cambio global.

Desde que se inició el 15-M y su correlato sangrante de la guerra en Libia, algo resultaba sospechoso. Sospecha forzosa puesto que los mismo medios que se desvivían por cubrir informativamente la indignación, no nos dejaban abrir la boca en contra de su guerra humanitaria, tan bien recibida por muchos progresistas. Son muchos años de embarcarnos en causas perdidas para no ver que las casualidades no existen, que la importancia de las noticia no viene determinada por la relevancia de ella misma; sino que los intereses políticos y mediáticos son los que establecen las prioridades. Hace unos meses un jóven inteligente y comprometido con el 15-M, un buen vasallo más si hubiese buen señor, me dijo que algo muy gordo estaban ocultando a la sociedad para que sólo fuese noticia el 15- M y que de todos los medios sin excepción los llamasen de manera constante. No era esta la situación precisamente de los que queriendo denunciar este precedente de guerra, modélica para sus artífices y monstruosa para el resto de la humanidad; éramos y somos auténticos apestados, sin acceso a ningun medio salvo al techo establecido e irrebasable de los medios alternativos cuando el cainismo lo permite.

En efecto, algo muy gordo se estaba ocultando. Algo muy gordo que acontece en los periodos de crisis del capitalismo, cuando busca su “espacio vital” sin importarle las víctimas humanas que su ambición provoca. El tiempo confirma las sospechas iniciales, los discursos y el dedo que los guía en la dirección que quieren: La misma tosquedad de sus fotomontajes de guerra la mantienen ya sin rubor alguno en los mismos contenidos de sus manifiestos y declaraciones que se parecen en exceso a los supuestamente nuestros.

Sé que estas apreciaciones levantarán sarpullidos entre jóvenes idealistas y cofrades, pero yo no comparto el culto efébico-revolucionario y nada ni nadie está libre de ser sometido al análisis de la prueba y el error. Y el error y el horror de las concomitancias entre el discurso imperial del cambio y el discurso del cambio global, son cuando menos sospechosas.

El Señor de las Moscas quiere convencer a sus menores de edad hasta el extremo de que ellos mismos exijan los cambios, este es el novedoso procedimiento del Satanás global: Te tiento hasta que me lo pides…luego allá tú si te quedas sin alma, sin vida y sin palabras que den crédito a esta prestidigitación intencional. Estamos en la búsqueda de la eterna juventud revolucionaria a cambio del alma de la humanidad, regalada desde un buenismo que en su generosidad resulta devastador y criminal, puesto que se entrega de manera confiada en su afán de transformación a los mismos artífices de todas las guerras habidas y por haber, trastocadas ahora en “cambios”.

La indignación se inicia en el tiempo a la vez que la agresión a Libia, y nunca incluyó entre sus reivindicaciones el cuestionamiento de la guerra. Siempre aparecía el ombligo economicista de la reducción de las gastos militares como único punto lejanamente vinculado con la condena de la guerra . No era una prioridad el tabú universal del crimen , no lo era la altura moral del internacionalismo antibelicista, desperdiciando las enormes energías humanas sin aplicarlas en la emulación que hubiese supuesto para el mundo una indignación bien entendida y solidaria. Es más, si en alguna asamblea te atrevías a plantearlo te abucheaban o en el mejor de los casos, no estabas en la onda.

Tenemos que despertar del sueño humanitario, de las cartas a los reyes magos obrantes de su obsequiosidad si los niños son buenos redactores de misivas o cumplen las liturgias previstas: procesionales, gestuales, oracionales.. . A los históricos, les pudo más la ilusión de ver por fin movimiento social antes que plantearse el origen y el fin del mismo. Incluso si fuese posible desde postulados verdaderamente progresistas actuar sin principios morales, es increíble la falta de agudeza de no comprender que justamente donde no quieren que entremos a trapo es, por necesidad, donde debemos de incidir. Simple lógica. La herida de las heridas que infligen en su codicia a la humanidad es la herida donde debemos urgar si de verdad queremos ser al menos una verdadera molestia para sus planes, cada vez más claros y criminales.

El único tabú universal y no muy respetado, pero que que ha permitido con muchas dificultades la permanencia de nuestra especie en la tierra, ha sido el del asesinato, denominado guerra cuando es masivo y legal. Una de las pocas causas, como bien saben los poderosos, capaz de unificar al género humano por encima de las miopías y estrecheces de los catecismos. Es el único modo de ver desnudo al emperador, de que podamos ver sus ojos de loco abiertos entre lo que proclama y ejecuta, de comprobar sin ningun género de dudas la naturaleza depredadora del capitalismo en crisis. Es increible de cómo nos han persuadido de que por estos derroteros de la foto fija del crimen no se nos ha perdido nada. Sólo esto hace coincidir en la opinión a todos los seres humanos, por mucho que todos los medios se dediquen a banalizar la muerte y el crimen, cuando no a ocultarlo de manera flagrante. Aquí es el único punto, en contradicción clara con lo que nos trazan, donde podemos levantar un movimiento universal que de verdad pueda cambiar algo . Y desaprovecharlo, no sólo nos hace indignos indignados, sino que supone un error de bulto muy grave si de verdad queremos coger con las manos en la masa a los responsables de todas las crisis, económicas y humanitarias. ¿Qué más pruebas queremos de por dónde hay que actuar?: Ahora mismo están bombardeando Libia cuando hace unos días celebraban la “liberación” del país desde Bengasi. Los pervertidos y sus medios te emiten hasta la saciedad la pornografía del linchamiento de un ser humano, pero esconden muy bien cómo en el mismo día los “valientes revolucionarios” asesinan a sangre fría en su domicilio al anciano y conciliador líder del poder real, el jefe de la tribu Warfala, la más grande de Libia. Nos muestran su vídeo que tanto placer les ocasiona a estos enfermos y nos ocultan los centenares de muertos leales civiles en las calles de Sirte. La ONU dice que investigará el linchamiento, pero nada dice los miles de civiles muertos, nada dice de explorarse a si misma por haber llevado a Libia la desolación y la masacre, creando ella misma un horrible precedente para toda la humanidad. Y esto seguirá hasta la naúsea si no buceanos donde ellos no quieren: En sus malditas guerras de las que no podemos ser cómplices de ninguna manera, ni por interés, ni por humanidad, ni por la condición de obtuso intelectual.

 

Muchos intelectuales peterpanes suscriptores de manifiestos, indiferenciados entre las palabras de Mr. Obama y 15-O, han descubierto una nueva clase social revolucionaria que nunca vió el pobre Marx, tan sumido en su erudicion en medio de las sombras de la Biblioteca Británica. Esa nueva clase social, descubrimiento de la filosofía en sus reminiscencias socráticas y platónicas formales, que rinde pleitesía al efebo; ha descubierto la novísima clase social transformadora de la juventud. Da igual que sean hijos de ricos exiliados, de buenas o malas familias, lumpenproletariado o fanáticos islamistas. Los filósofos peterpánicos consideran que existe un fuego interno juvenil, que gracias a su amor platónico, les permite atribuir cualidades inexistentes a los amados grupos de mercenarios, hasta el punto de transmutarlos desde su ensoñación erótica en consejos de obreros revolucionarios. El paso del tiempo y la revolución pendiente ha jugado más de una mala pasada, y la delegación del acto revolucionario ha llegado al extremo de hacerlo no sólo sobre los jóvenes, por lo visto estupendos por definición por desconocidos y lejanos que resulten, sino sobre la misma OTAN.

El que se nos aparece como jefe en la sombra de Global Change ya está conminando para los necesarios cambios que quieren en su guión de profecía autocumplida en Siria, en Irán. Y ¿por qué no?, en el resto del mundo. Si los propios corderos piden su matadero, ¿quién puede negarles su propia hecatombe a estas confiadas y bienintencionadas criaturas, tan necesitadas de cambio global a la libia, como bien subraya su propio manifiesto?.

 

Se puede acusar de que este planteamiento que hace confluir de lo que en apariencia era opuesto, es transmisor de una desazón inmensa, paralizante…Pero más lo será continuar con la farsa programada dentro de la profecía autocumplida del “cambio”, que se inició a la vez que comenzaba una agresión absolutamente perversa por parte de las mayores potencias mundiales alegando en el colmo de la degeneración, la protección de esos ciudadanos mientras se les mata. Esa búsqueda del cambio global confluye en el discurso de modo cada vez más evidente con el cambio que quieren a toda costa los belicistas. Sabían que España, cuando la guerra de Irak, fue un referente mundial de oposición a la guerra. Coincidiendo en el tiempo tenían que inventar un movimiento de falsa transformación social, que, casualidad de casualidades, jamás ha recogido lo que nuestra tradición pacifista marcaba: La condena de la guerra. Al contrario, desde un principio invocó la guerra criminal de Libia y el golpe de estado como un ejemplo de “primavera árabe”, incluyéndola en el lote de la mitomanía efébico-revolucionaria.

Las discusiones bizantinas en las que lleva enfangada la izquierda sólo han servido para que se imponga el discurso mayoritario de los que confían en la moralidad de la guerra humanitaria que llevan a cabo los depredadores de siempre. El desgaste de este tipo de debates interminables, de excomuniones, de enredos, sólo sirve para confinarnos en los reductos de la información alternativa, de la que hacemos de pequeño amplificador también entre los mal o bien avenidos de este mismo y estrecho recinto. Un ghetto que no incomoda del todo al poder puesto que le proporciona variedad tonal aséptica y le permite proclamar que estamos en democracia cuando se nos tolera a los cuatros que somos, sin mengua ni alza entre los habituales. Sabiendo el techo que tenemos y la imposibilidad de trascender esta situación , hay que ver más lejos. Hay que abandonar el discurso impuesto y asumido y optar por uno propio, unificador de voluntades incluso por encima de supuestas ideologías que al final son losas sobre la urgencia de este tiempo: Las discusiones de las distintas escolásticas transformadoras, en estos momentos tan difíciles donde la voracidad del capitalismo en crisis se ha vuelto a transmutar en fascismo, en colonialismo criminal y feroz; nos exije como en la guerra civil española parar la guerra para ganar la revolución. Incluso aunque luego la revolución consista de nuevo en los interminables debates escolásticos sobre cascabeles y gato. No actuar ahora en esta línea unificadora que prescinda de credos, nos condena a nosotros y a toda la humanidad sin remedio.

De hecho, una vez liquidado el falso señuelo y pretexto bélico de Gadafi, que tanta tinta ha derramado para nada entre la izquierda; siguen bombardeando Libia delante de nuestras indignas, que no indignadas, narices.

Paremos la guerra. Es ya sólo una, global y permanente . Desatada y contra toda la humanidad. Este es su cambio global y por desgracia en el que sin saberlo ni quererlo, coincidíamos. Demos donde les duele, no donde nos digan. En Wall Street se ríen de que miremos sólo hacia ese nido. Frente a su guerra, tiemblan de verse en el espejo que los devuelve como son y que saben que sólo nosotros podemos enfocar. Rápido, antes de que esta juventud se vaya de la mano de Peter Pan hacia el País de Nunca Jamás y, ahora sí, para no volver.

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Publicado por

casajuntoalrio

"El silencio, dicen, es la voz de la complicidad. Pero el silencio es imposible. El silencio grita. El silencio es un mensaje, igual que no hacer nada es un acto." Leonard Peltier

2 comentarios sobre “De cómo Peter Pan nos lleva al País de Nunca Jamás”

  1. Totalmente de acuerdo, hay otros fragmentos que me llegaron a mi de la movilizacion del 15O que me hicieron llegar casi a la misma conclusión…El 15O como el 15M y lo he pensado desde el principio esta planeado estrategicamente para reconducir la rebeldia de los jovenes por donde ellos quieren, para que cambien o intenten cambiar un poquito sin cambiar realmente nada Importante.
    Salud

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