CHIMPANCES : HAM, ENOS, WASHOE,BOOEE, MICHEL.IN MEMORIAM

 

Ham antes de salir Ham, el Chimpancé fue el primer homínido en volar al espacio exterior, pertenecía a un grupo de seis chimpancés entrenados en el centro de medicina aeroespacial de Holloman, donde fue entrenado para mover algunas palancas en función de diversas luces activadas. Durante su entrenamiento recibía golosinas como premio o descargas eléctricas como castigo.

El 31 de enero de 1961, Ham, con 3 años de edad, pilotó una misión de prueba del proyecto Mercury cuyo objetivo era simular exactamente aquello que sentiría el primer astronauta norteamericano durante su histórico viaje suborbital.

El despegue se llevó a cabo sin incidentes, pero un problema en el regulador de aceleración del cohete proporcionó un exceso de velocidad que no se resolvería hasta que se agotó el oxígeno líquido, lo que llevó a la cápsula a una altitud máxima de 253 km, superior a la esperada. Ello supuso un período de ingravidez de 7 minutos para Ham, y una reentrada con una desaceleración de 14,7 Gs, más elevada de lo normal.

El vuelo duró 16 minutos y 39 segundos y la cápsula amerizó en el Océano Atlántico, a 679 km de distancia del punto de despegue, 209 km más allá de lo previsto. Como resultado del mayor impacto y la prolongada espera hasta la llegada del rescate y la violencia de las olas, un poco de agua penetró en el interior de la cápsula.

Por fortuna, Ham fue rescatado sano y salvo, y una rápida revisión confirmó que se encontraba en buenas condiciones.

La heroicidad de Enos

Enos Diez meses después del lanzamiento de Ham y ocho años antes de que Amstrong caminara por la Luna, Enos, un chimpancé de cinco años, fue lanzado al espacio en un viaje extraordinario.

Se le enseñó las maniobras que tenía que realizar durante el vuelo, mediante un sistema de recompensa-castigo, que le premiaba las maniobras acertadas y le daba choques eléctricos en las equivocadas. Una vez lanzado al espacio, en una nave Mércury, debido a fallos operacionales en el interior de la cápsula, el sistema se invirtió y a Enos le daban choques eléctricos por cada maniobra acertada que realizaba.

Sorprendentemente, en vez de alterar su comportamiento, Enos resistió los choques eléctricos e hizo las maniobras de vuelo que sabía correctas. El vuelo lo puso en órbita alrededor de la tierra dos veces y aterrizó vivo, aunque probablemente un poco molesto por el agotamiento extremo de las últimas tres horas.

 

Washoe y la voluntaria. Capacidad de comunicación, de relacionarse con los demás y de empatía.

WashoeCuando la NASA acabó sus trabajos con chimponautas, a principios de los 60, cedió a la chimpancé Washoe a los Gardner, un matrimonio de psicólogos que quería realizar un experimento con chimpancés consistente en introducirla en un ambiente humano en el que solo se hable lenguaje de sordomudos. El experimento fue un éxito ya que gracias a la posibilidad de hablar con un chimpancé se pudieron averiguar muchas cosas que no es el momento de explicar en este momento.

En ese trabajo colaboró un joven becario llamado Roger Fouts.

Cuando Washoe cumplió 6 años se empezó a hacer difícil de manejar en un hogar; así que los Gardner no tuvieron más remedio que entregarla a un centro de cría de chimpancés para suministrar a laboratorios. Roger no quiso dejarla sola y marchó con ella.

La vida que vivieron en aquél centro de Oklahoma fue un infierno que terminó cuando Roger, aprovechando el embarazo de Washoe, consiguió un traslado, para ambos, a la Universidad de Washington donde quería demostrar que los chimpancés tienen cultura y como tal pueden pasarla de padres a hijos. La idea de Roger era dejar a Washoe sola con su cachorro y mientras la vigilaba por un circuito cerrado de televisión y ver si ella le enseñaba lenguaje de signos a su pequeño y que tipo de conversaciones tendrían sin presencia humana. Pero, poco antes de partir, Washoe perdió a su bebé.

Sin embargo la Universidad de Washington interesada en el experimento consiguió un jovencito llamado Loulis y lo ofreció para que Washoe lo adoptara.

El experimento fue un éxito y detalle de él ya contaré en otra ocasión.La cuestión es que Roger Fouts es actualmente co_director del Instituto para la Comunicación entre Chimpancés y Humanos, en la Universidad de Washington describe una interacción entre la chimpancé Washoe y una voluntaria que trabajaba con ella cada día.

Esta voluntaria era la favorita de Washoe; probablemente porque estaba embarazada y Washoe gustaba de preguntar por el futuro bebé de su amiga humana.

Un día la voluntaria dejó de visitar a Washoe y cuando semanas después regresó, Washoe mostró su enfado dándole la espalda y marchándose a la esquina opuesta de la habitación.

La voluntaria la llamó repetidas veces sin conseguir que le hiciera caso.

Al final, la voluntaria le dijo

– Washoe, ¿estas enfadada?. No he podido venir antes… mi bebé murió.

Washoe se giró, la miró y le preguntó (con lenguaje de signos)

-¿Lloras?.

La voluntaria, asintió con la cabeza y Washoe le dijo:

– Por favor, persona, abraza.Se fue hacia ella y se abrazaron.

Dos mujeres de distinta especie se abrazaron y consolaron porque las dos habían pasado por lo mismo y cada una de ellas comprendía el dolor de la otra. Esto se llama empatía, y los chimpancés lo tienen, como los humanos.

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Washoe y Booee

BooeeLos Gardner no podían continuar con Washoe; una chimpancé a la que habían criado como a una niña sorda y, como a tal, le habían enseñado el lenguaje de signos para sordomudos americanos (American Sign Language). La trasladaron a un instituto de primates en Oklahoma; pero no fue sola: el joven Roger Fouts, que había colaborado con los Gardner en sus investigaciones, decidió vincular el resto de su vida a aquella chimpancé y no estaba dispuesto a abandonara.

Los diez años que pasaron Roger y Washoe en Oklahoma estuvieron absolutamente perdidos para la ciencia. El director del centro, miembro de la vieja escuela, seguía con sus alambradas electrificadas y sus castigos. Así, el enfrentamiento entre el director y Roger era constante; el primero parecía disfrutar mandando a laboratorios de experimentación, a todos aquellos chimpancés a los que Roger empezaba a enseñar el lenguaje de signos.

Por fin, Roger Futs junto a su esposa Deborah, consiguieron que la Universidad Central del estado de Washington les ayudara a crear su sueño: fundar el Instituto de Comunicación Chimpancé y Humano. Allí consiguieron los espectaculares descubrimiento científicos que les han hecho tan conocidos.

Un día, y mientras realizaban un reportaje para la televisión, entraron en un laboratorio donde experimentaban con animales. De pronto, uno de los chimpancés empezó a gritar y zarandear los barrotes de su jaula, para llamar la atención de Roger. Mirándolo fijamente realizaba, una y otra vez, los signos “hola, soy Booee, hola soy Booee”. Booee era uno de los pequeños chimpancés a los que enseñó algunos signos cuando el trabajaba en el Instituto de Oklahoma y que el director del centro le arrebató para mandarlo a un laboratorio de experimentación. Después de catorce años, aún se acordaba de aquellos signos y de su amigo Roger, el que se los enseñó. Era la única esperanza de salir de aquel infierno. Aquella llamada de auxilio tuvo su recompensa: los miles de espectadores que fueron testigos inundaron de llamadas telefónicas y cartas a la televisión hasta conseguir la liberación de Booee y de ocho chimpancés más.

Hoy día, Booee y los demás chimpancés, está en un santuario de California. Allí les cuidan la hepatitis que les inocularon en el laboratorio.

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A la memoria de Michel

MichelMichael tenía tres años cuando el conoció a Penny Patterson y Ron Cohen. El llegó desde Camerún hasta California y, por suerte, fue asignado al laboratorio de la Universidad de Stanford donde Penny y Ron enseñan el lenguaje de signos a los grandes simios. Michael se unió a Koko, quien pronto se convirtió en su hermana adoptiva. El fue el primer y único gorila macho de lomo plateado que aprendió a comunicarse con humanos mediante signos.

Durante veinticuatro años Michael confió sus pensamientos y sueños, sus gustos y aversiones, y sus más profundas susceptibilidades a Koko, Penny y Ron. Se aficionó a la pintura, hizo amistad con un joven gorila macho llamado Ndume, y disfrutaba de la música clásica. Sin embargo, durante todo este tiempo Michael parecía estar ligeramente distante.

Cuando se acercaban extraños, comenzaba a adoptar posturas amenazante, tensar músculos, erizar el pelo, apretar puños y dientes y a hacer ruidos. Era como si nos advirtiera de que debíamos mantener las distancias. Ese tipo de actitudes de los grandes machos que observamos en los zoológicos, son las que han dado, injustamente, fama de ser una de las “bestias terribles africanas”.

Una mañana Michael, se despertó profundamente angustiado. Penny se sentó junto a él y hablaron. Le preguntó si había soñado y en qué había consistido. Michael repetía nervioso: “mucho ruido”…”jaleo, jaleo”…”cortar cabezas”.

¿Cortar cabezas?. Él nunca había visto cosas así mientras estuvo con Penny y Ron. Sin embargo, todos sabemos que las cabezas y manos de gorila son objeto de tráfico ilegal en África. Probablemente ese sueño era una secuela de la mañana en la que él fue capturado en la selva. Michael parecía estar recordando y describiendo los horribles sonidos de los disparos de las armas, los gritos, el terror, la sangre y la lucha del momento en el que unos brazos se lo llevaban mientras su familia yacía muerta.

¿Por qué será que los gorilas tienen esa actitud amenazante en los zoológicos?.

Lo que es sorprendente es como, después de haber tenido esa experiencia, con tan solo tres años, aún depositó su confianza en Penny y Ron.

Michael murió el 29 de Abril del 2000. Estoy seguro que muchos como yo se han quedado con las ganas de abrazarle y pedirle perdón. No todos los “humanos” somos iguales.

fuente:

http://www.proyectogransimio.org/historias.php

1 comentario

  1. Sigo rescatando de el blog de elpaís algunas cosas
    Salud


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