DE MOAS, EMÚES Y CASUARIOS


Cuando los exploradores europeos, en el siglo XVII, llegaron a Australia y a Nueva Zelanda quedaron fascinados por la gran variedad de la fauna existente. Y se asombraron ante una serie de grandes aves no voladoras, cuyo aspecto recordaba al de los avestruces. A una de ellas, la moa, ya extinguida por la acción del hombre, nos vamos a referir, explicando lo que la Ciencia actual puede ayudarnos en su conocimiento e, incluso, con la lejana esperanza de poder conseguir “resucitar” la especie.



CLASIFICACIONES. Los árboles evolutivos usualmente se construyen teniendo en cuenta las peculiaridades físicas de apariencia. Pero ello puede no corresponder a los acontecimientos moleculares de la evolución biológica. ¿Qué relación existe entre aves parecidas como moa, kiwi, emú y casuario?.



El kiwi (Apteryx australis), sigue viviendo en Nueva Zelanda, siendo un ave extraña, cubierta con un raro plumaje de una especie de pelos con bárbulas, poseyendo las fosas nasales en el extremo del pico, al contrario que otras aves. Es nocturna y por el olfato detecta a los gusanos y larvas de los que se alimenta. Clásicamente se le clasifica en el orden de los apterigiformes.



El emú (Dromaius novaehollandiae), del orden de los casuariformes, es una de las mayores aves del mundo. Su plumaje son plumas bífidas que parecen pelos. El macho es quien incuba los huevos. Es nómada e inofensivo y el hombre ha aniquilado sus múltiples especies, salvo al emú común que todavía vive en cantidad apreciable en las estepas australianas. A principio de siglo los ovejeros los mataban, bajo pretexto de que se comían parte de la hierba que alimentaba a sus ovejas. Sólo en el estado de Queensland, en dos años, se destruyeron 110.000 huevos y se mataron a 130.000 emúes. Para detener la matanza, en 1932, intervino el ejército australiano. Actualmente el emú es un animal protegido.


El casuario (Casuarius), orden de los casuariformes, vive en los bosques, posee una altura entre 1,2 a 1,8 metros y alas cortas y rudimentarias, cuello corto y plumas sedosas de aspecto piloso negro parduzco. Los machos incuban los huevos, de color verde oscuro. Pueden correr a velocidades cercanas a los 50 km/h. Al final del siglo XIX se describían hasta 11 especies diferentes que hoy han quedado reducidas a tres. Su carne ha sido siempre muy apreciada para los habitantes de Nueva Guinea y Australia.


MOAS. El moa, del orden dinornitiforme, era un ave rátida (con esternón plano) no voladora, existiendo 11 especies diferentes descritas. Alguno de gran envergadura, de hasta 4 metros, como el Dinornis giganteus, mientras que otro, como el Euryapteryx curtus, era del tamaño de un pavo. Vivían en los bosques que cubrían casi completamente Nueva Zelanda, con anterioridad al despeje boscoso realizado por los maoríes. Estaban muy extendidos en Nueva Zelanda cuando fue colonizada por primera vez hace unos mil años, pero ya estaban extintos o muy escasos cuando en 1769 el primer explorador y navegante británico, el capitán James Cook, visitó el lugar. La acción exterminadora humana, con fines alimenticios, provocó su completa desaparición hace varios siglos. Su carácter de rátidas, lo compartía con otras aves no voladoras de diversos continentes: avestruz (África), emú (Australia), casuario (Nueva Zelanda), rea (América del Sur), etcétera. Los moas no tenían siquiera alas rudimentarias. Sus patas eran muy robustas y relativamente cortas. En cualquier caso las clasificaciones morfológicas clásicas hacen aparecer al moa más cerca del kiwi que del emú o casuario.


ADN. La antigüedad y renombre de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, que ya existía a principios del siglo XII, son legendarios. Entre sus virtudes cuenta la de adaptarse a los avances científicos y contar con excelentes Centros en los que se realiza Ciencia de vanguardia.

Uno de ellos es el Centro de Antiguas Biomoléculas, en el que con técnicas de la moderna genómica se investigan viejas muestras arqueológicas. Consta de dos instalaciones separadas. La instalación de ADN antiguos, ubicada en el Museo Universitario de Historia Natural, es extremadamente sofisticada y segura. Con presiones negativas y positivas de aire, especialmente distribuidas en los laboratorios de Investigación, se consigue que a las muestras de ADN no les alcance ningún contaminante externo a la vez que el ADN extraído tampoco contamina al medio exterior. En cuanto a la instalación de Análisis moleculares, en el edificio de Zoología, cuenta con modernísimos laboratorios para amplificar, caracterizar y secuenciar el ADN previamente extraído, con precauciones muy sofisticadas para evitar el gran peligro, siempre al acecho, de contaminación de las muestras de ADN por otros ADN contemporáneos de origen humano o no humano.

Los logros que nos mostraba el filme Parque Jurásico para hacer “resucitar” animales extintos como los dinosaurios, aun no son factibles. Pero otras aproximaciones parecidas sí lo son. Científicos que trabajan en las instalaciones de Oxford y otros, de diferente procedencia, acaban de conseguir, por vez primera hasta la fecha, a partir de restos óseos, la secuenciación y reconstitución del genoma completo mitocondrial del moa, lo cual es un logro singular ya que el ADN raramente permanece preservado en muestras fósiles porque se rompe muy fácilmente por calor, aguas ácidas y otras circunstancias. En este caso los restos óseos de los moas se encontraron en el interior de cuevas montañosas aisladas y muy frías, donde se han preservado incluso trozos de piel y plumas. Se han encontrado multitud de fragmentos de sus huevos de cáscara gruesa, y algunos enteros, uno de ellos con un gran embrión en su interior

¿Por qué el ADN mitocondrial?. Porque es un ADN relativamente sencillo, de estructura circular, con “solo” unos 17.000 pares de bases en lugar de las más de 3.000 millones existentes en el núcleo. Y lo más interesante es que el ADN mitocondrial se hereda exclusivamente por vía materna, por lo que, a salvo de mutaciones eventuales, el ADN mitocondrial de un ser vivo es idéntico al de su madre, al de su abuela materna, bisabuela materna y así sucesivamente.

Como este ADN presenta una velocidad de mutaciones relativamente alta y constante, ello permite estudiar retrospectivamente las divergencias evolutivas. Y la comparación con los sistemas tradicionales de árboles filogenéticos puede ser muy valiosa. Por ejemplo, los análisis morfológicos de las aves rátidas no voladoras tienden a agrupar al moa con el kiwi, mientras que, por el contrario los datos de ADN sugieren su distanciamiento evolutivo del kiwi, agrupándolos con los más recientemente desgajados evolutivamente, el emú y el casuario. Y queda la esperanza de que este tipo de investigaciones puedan servir para en el futuro el hombre pueda obtener alguna de las especies que la acción del propio hombre hizo extinguir.


Fuente:
http://canales.laverdad.es/cienciaysalud/Indice.html
Voy recuperando algún antiguo post de lacomunidad de elpais.com
casajuntoalrio

1 comentario

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