Todos los ricos son iguales, mientras que cada pobre lo es a su manera. Por eso seguramente, decía, las revueltas de los pobres no acaban de prender.

La noticia: el Instituto de Estadística de Catalunya (Idescat) ha hecho públicos unos datos muy preocupantes. La población de Catalunya en situación de riesgo de pobreza ya bordea el 20%, uno de cada cinco ciudadanos. En la UE, la tasa está en el 16,4%. También en esto somos abanderados. En Catalunya, el umbral de la pobreza está situado en 8.719 euros limpios anuales por persona, unos 700 euros al mes.

El contexto: el escritor Javier Pérez Andújar, parafraseando a Tolstói, dijo, acertadamente, comentando los disturbios veraniegos de los pobres de Londres, Grecia o Egipto, que todos los ricos son iguales, mientras que cada pobre lo es a su manera. Por eso seguramente, decía, las revueltas de los pobres no acaban de prender.

La alarma: Helmut Schmidt, en el congreso del Partido Socialdemócrata (SPD) en Berlín, citó a Habermas: “Por primera vez, desde la fundación de la UE, la democracia está en peligro”. Schmidt y Habermas no son ni Manu Chao ni Noam Chomsky. Pero ahora dicen lo que otros hace tiempo que están diciendo. Muchos harían bien en escuchar esta advertencia, ahora que viene con corbata.

Joan Barril, en El Café de la República, me preguntó el otro día si pensaba que el tope de 700 euros al mes cubre el coste de una vida digna. Es una pregunta difícil. Mucha gente que ingresa incluso un poco más y que debe mantener con este salario familia, vivienda, escuelas y alimentación, tiene serias dificultades para llegar a final de mes. Además, el encarecimiento continuo de los precios de la vivienda, así como las subidas de tarifas de agua, luz y gas, junto al aumento del coste de la vida, provocan que incluso esta cantidad sea insuficiente para que una familia de diversos miembros pueda sobrevivir cubriendo las necesidades básicas. Por otra parte, las “cuantías mínimas” fijadas para el Ministerio de Trabajo para muchas pensiones (jubilación, viudedad, incapacidad permanente) están, a menudo, por debajo de estas cantidades y, por lo tanto, el Gobierno condena legalmente a muchos ciudadanos a la pobreza.

Otra cuestión es si la “vida digna” necesita alguna cosa más que la mera satisfacción de las necesidades vegetativas y animales: techo, alimentos. Porque, entonces, realmente, el umbral de la pobreza “humana” sería más alto. Y veríamos, con estremecimiento, hasta qué punto el sistema condena a la inhumanidad, o a una vida no digna desde una perspectiva humana, a buena parte del planeta.

El aumento preocupante de los niveles de pobreza en el denominado primer mundo hace crecer, dentro de este, otro mundo que no participa de los supuestos beneficios del contexto en el que vive. El cuarto mundo es, hoy, quizás, la quinta columna dentro del capitalismo financiero: los excluidos que, con su sola presencia, impugnan un sistema basado en la especulación. Tarde o temprano, si ya no lo es ahora, eso será insostenible. Por una parte, proliferan cada vez más, en nuestras sociedades, imágenes apocalípticas de gente hurgando en los contenedores, en las bolsas de basuras o recogiendo los desperdicios de mercados y supermercados. Y, por otra parte, incomprensiblemente, la crisis no está comportando una reformulación de un sistema que está basado en la generación continua de excedentes no aprovechados. Hay que volver a ver a Los espigadores y la espigadora de Agnès Varda, pero con ojos del 2011.

Pero todavía hay más. El estudio de Idescat presenta algunos otros datos que deberían provocar gran inquietud. El riesgo de pobreza amenaza, en porcentajes superiores a la media, a las mujeres, los menores de 16 años y los mayores de 65, la población extranjera, los parados, las viudas y los de nivel de instrucción primaria o inferior. La cuestión es que eso no quiere decir sólo, cosa que ya sabíamos, que la pobreza genera ciudadanos más débiles, vulnerables y precarios. Es que los más débiles, vulnerables y precarios son, precisamente ellos, los que más fácilmente entran, con la crisis, en situación de pobreza. Y este dato constituye un escándalo moral. Porque podemos, a estas alturas, ya no saber exactamente en qué consiste eso del Estado de bienestar, pero lo que sí sabemos es que lo que define a una sociedad justa es, por encima de cualquier otra consideración, su capacidad para proteger a los más débiles, vulnerables y precarios. Y estos datos permiten pensar que nuestra sociedad no sólo no los protege, sino que permite, si no fomenta, que la propia naturaleza de la crisis se ensañe todavía más con los que, por su fragilidad, más atención discriminatoria necesitan.

El informe también explica que, sin las prestaciones sociales, el riesgo de pobreza aumentaría peligrosamente con facilidad hasta el 40%. ¿Es posible, ante este horizonte, cuestionar, como se hace a menudo con cierta alegría y mucha inconsciencia, el futuro de estas prestaciones, al menos a corto o medio plazo?

El filósofo Jan Patocka, que reconoció que el fenómeno fundamental del siglo XX había sido la guerra, ya alertó de que habíamos sido incapaces de dar cuenta del contenido propio del siglo y que, por lo tanto, nos habíamos condenado a repetirlo. Todo hace pensar que el siglo XXI será el siglo de la pobreza. Por eso es urgente que cuestionemos su naturaleza, las causas y los efectos. Y que movilicemos, no sólo las estrategias de la compasión y la caridad para aligerar la pobreza, sino todas las fuerzas que hacen falta para impugnar un sistema indigno que la produce a escala planetaria de forma rutinaria. Cuando una máquina no funciona, hay que cambiarla.

¿Y qué hacemos con los pobres?

Lo que define a una sociedad justa es su capacidad para proteger a los más débiles, vulnerables y precarios

Artículos | 12/12/2011 – 00:00h

1 comentario

  1. Pues si desde luego , estoy de acuerdo con la conclusion, no es solo paliar la pobreza que eso de alguna forma lo hacen ya las ONGs sino combatir las causas estructurales de la pobreza que provienen todas del Sistema Capitalista Injusto que nos domina, y mientras no nos unamos los que aún tenemos conciencia para derrotar ese Sistema Injusto, se va a perpetuar cada vez más la pobreza. Completamente de acuerdo con eso de que algunos celebran demasiado alegremente el recorte de las prestacones sociales y yo conozco a una “compañera” del Trabajo -cuando lo aun tenia- que se podria encuadrar dentro del grupo de los que se alegran del recorte delas prestaciones y como encima quienes hacen ese acto de cinismo y de insulto a los pobres son personas que con mucha posibilidad no se veran en la misma situacion porque son personas que tienen influendias en todas partes… En fin, siempre lo digo y ahora lo reitero, es necesario Unirnos contra el enemigo comun que no es otro más que el sistema capitalista.
    Un Abrazo


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