El KOÑO DE LA BERNARDA – “Relación de las cosas verdaderas que acotescieron en Las Alpuxarras en lo q se refiere á una piadosa muger llamada la Bernarda, i al coño della, q fizo grandes milagros para la gloria eterna de Dios nuestro Señor”

Todos los españoles sabemos, porqué somos la hostia y el copón de cultos, que en un rincón de las Alpujarras granadinas descansa el cadáver de Bernarda Nadie, una adivina (entre otras cosas). Su sepulcro en siglos pasados fue más venerado que el del apóstol Santiago. La Bernarda fue en su tiempo la santera más famosa de las Alpujarras; había nacido en Artefa a mediados del siglo XVI, y corría la voz que era hija enaciada (renegada) del rey Aben Humeya; vivió toda su vida en el pueblo, encabalgada entre las dos religiones, recitando versículos del Corán, pidiendo limosna con sus tablillas y cuidando personalmente de la imagen del Santo Cristo de las Cucarachas; la celebridad le provenía desde una vez en que el tercer duque de Artefa, que era bastante devoto y se llamaba Hernando Villareal, le pidió que lo ayudara a interpretar el sueño que había tenido la noche anterior, en el que veía siete vacas flacas y de mal aspecto junto a siete espigas secas y quemadas por el viento del solano, y la Bernarda le respondió que justamente yo he soñado lo mismo, pero más, porque en seguida se me apareció san Isidro Labrador y empezó a tocarme la raja por debajo de la saya, y menudo gusto me dio, que con razón dicen de algunos que tienen manos de santo, y aluego las vacas se pusieron a engordar y las espigas se reverdecieron y se llenaron de grano que daba gloria mirarlas, y en dispués san Isidro me dijo que Dios te lo conserve, Bernarda, porque será fuente de vida y de fertilidad, qué cosas tan raras, don Hernando, cualquiera entiende a los santos, y me dijo también que a la primavera habremos buena cosecha, y efectivamente así sucedió, ya que dos meses más tarde, contra todo lo esperado, los bancales dieron tanto trigo que los artefeños nos sabían dónde meterlo, y el duque se quedó tan maravillado que le contó al cura el sueño de la Bernarda, y éste lo proclamó desde el púlpito con grandes alabanzas hacia la santera, pero no faltaron los aguafiestas que pusieron en duda el episodio, especialmente un jornalero bastante deslenguado al que todos llamaban Tomás el Bocazas, el cual llegó a proclamar a voces en la puerta de la iglesia que solamente se lo creería si llegara a tocarle el coño con sus dedos, como san Isidro Labrador, y lo afirmó con tanta vehemencia que a la mañana siguiente la mujer lo mandó a su alcoba. — Tomás, alarga acá tu mano y métela en mi raja, y no seas incrédulo, sino fiel – le dijo.

Y parece ser que la experiencia lo transformó por completo, ya que a partir de entonces dedicó su vida a recorrer las Alpujarras como uno más de los doce, proclamando que la Bernarda tenía un coño bendito, y poco a poco se fue extendiendo la voz por los alrededores, y los destripaterrones venían junto a ella de noche y de día, y cuanto más le tocaban el mantillo, más cosechas cosechaban, y las mujeres machorras engendraban y daban a luz sietemesinos como soles, y las gallinas empollaban huevos de hasta siete yemas, y las cerdas parían tantos cochinillos que fue preciso organizar siete matanzas al año, pero luego no había sitio para colgar los embutidos y tenían que ponerlos a orear (darles el aire) hasta en los dormitorios, y fue por entonces cuando el duque empezó a atar a los perros de Artefa con longaniza, y mira por donde la cosa pasó con los años al refranero popular; pero el tiempo de las vacas flacas llegó al morir la santera, pues las Alpujarras padecieron un hambre peor que las epidemias de la peste, hasta que a alguno se le ocurrió tocar el nicho en el que la habían enterrado, y de nuevo volvieron los tiempos de abundancia, por lo que pronto las multitudes empezaron a venir en peregrinación desde los lugares más remotos de Andalucía, siguiendo una ruta que se llamó el Camino del coño de la Bernarda, para postrarse ante su nicho e implorarle que la tierra les diera el fruto de su vientre, y al cabo de un tiempo se le atribuían cientos de milagros, si bien el que más hondo caló en la feligresía fue el que aconteció durante el séptimo aniversario de su muerte, justamente en el domingo de Cuasimodo (incio de oraciones), y sucedió ni más ni menos que el nicho apareció abierto por la mañana, sin señal alguna de violencia, y cuando destaparon la caja observaron con sorpresa que el cuerpo de la Bernarda se había consumido, pasto de los gusanos, pero el coño permanecía bello y fragante como una rosa de abril, lo cual de revuelo fue interpretado como un signo de Dios, y el duque de Artefa, que ya entonces era el cuarto y se llamaba Robustiano Villareal, le mandó hacer un relicario de oro con brillantes y lo expusieron en el altar mayor de la iglesia, bajo la mirada protectora del santo Cristo de las Cucarachas, y poco después de esto el cura del lugar, cuya fe inquebrantable en la santera movió dos cuartas a la derecha el monte del Veleta hasta su emplazamiento actual, y que mientras ella estuvo con vida multiplicaba la esperanza de sus parroquianos en la vida eterna a base de visitarla a diario para tocarle la caridad, decidió obedecer a los ruegos populares, que reclamaban insistentemente la canonización de aquella alpujarreña ejemplar, e inició las diligencias necesarias para que Artefa contara un día con su primera santa, santa Bernarda la del coño, pero el arzobispo de Granada le contestó con una fuerte reprimenda, porque, según le razonaba en su misiva, todos los coños fueron siempre instrumentos de pecado y objetos de condenación, y además tengo entendido que esa guaricha (mujerzuela) no tuvo la sangre limpia de cristiana vieja, y prohibió terminantemente los peregrinajes y la exposición de la reliquia, so pena de quemar a los peregrinos en la hoguera de la Inquisición, por lo que el clérigo, gran aficionado también a los libros de caballerías, escribió una crónica, que tituló “Relación de las cosas verdaderas que acotescieron en Las Alpuxarras en lo q se refiere á una piadosa muger llamada la Bernarda, i al coño della, q fizo grandes milagros para la gloria eterna de Dios nuestro Señor i de la Sancta Madre Yglesia, escrita por el Licenciado Celestino de Guadix, Cura Propio de la yglesia del Sancto Christo de las Cucarachas desta ciudá de Artefa”, en la que relataba todos los pormenores de la historia, con vistas a que el futuro le hiciera justicia a aquella mujer, y escondió el manuscrito y el relicario con el coño tras un muro falso que construyó con sus propias manos bajo la ventana de la sacristía, a la espera de que un alma compasiva los descubriese en tiempos mejores; y para colmo aquel mismo año Felipe III expulsó a los moriscos, los únicos andaluces que se lavaban, y no quedaron más que los que apestaban a sobaquina, confirmándose así la miseria material y espiritual de Andalucía; y de esta forma, por la fuerza, que no por la razón, cayó en desuso la memoria de la Bernarda, con lo cual se malogró la única oportunidad que tuvo el pueblo de colocar a su antigua santera en el santoral.

http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/53torres

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