MENTIRA ABSOLUTA. Gorka Andraka

Un texto de hace seis años del entrañable Gorka Andraka que bien podría estar escrito ,cambiando a Caldera por Fátima Bañez, esta  mañana del primer domingo de abril de 2012. Las elecciones en la actual dictadura líquida son un fraude. Siempre gana el capital. Amancio Ortega sigue ganando dinero en 2012 como en 2006, hoy se difunde la noticia de que esta semana ha ganado 448 eu por segundo. Unos 40 millones de euros diarios. En 2011 y en plena crisis aumentó su patrimonio en 6500 millones de euros hasta situarse quinto en la lista de Forbes con 39000 millones.

Respecto a Hungría hay que añadir que nada ha cambiado y siguen mintiendo sin rubor,   el presidente del pais más arruinado de la UE  ,Pál  Schmitt, ha perdido su doctorado por plagio y podría perder la presidencia.

(k.)

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Las elecciones son un fraude. Es como ir de compras. Mango, Zara, Pull and Bear, Bershka, Massimo Dutti, Stradivarius, Oysho… al final, escojas lo que escojas, estás “votando” por Amancio Ortega, el dueño de todas esas marcas. El grupo textil gallego Inditex ha obtenido un beneficio neto de 295 millones de euros en el primer semestre de este año (un 20% más). Mayoría absoluta. Con los partidos políticos pasa igual. Todos distintos, un mismo patrón: el capital.

Aunque se sabía, era evidente, pasará a la historia. Por primera vez, un político reconoce haber mentido. “No hay muchas opciones. No las hay porque la hemos jodido. No un poco, sino mucho. Ningún país en Europa la ha jodido tanto como nosotros. Hay una explicación. Está claro que hemos mentido en los pasados 18 o 24 meses. Está perfectamente claro que lo que decíamos no era verdad. Estamos por encima de las posibilidades del país hasta un nivel que no podíamos imaginar antes. Y además, no hemos hecho nada durante años. Nada. No se puede mencionar ninguna medida gubernamental de la que enorgullecerse, aparte de haber salido de la mierda para lograr el Gobierno. Ninguna”.

Podría ser cualquiera de nuestros representantes, pero la cita corresponde a Ferenc Gyurcsany, el primer ministro de Hungría. Hablaba para los parlamentarios de su grupo. A puerta cerrada. En privado. De ahí su sinceridad. Hacía un mes, en abril, que había vencido en las elecciones legislativas. “Europa no debe ser sólo números”, prometió durante la campaña. Tras lograr el cargo, sacó la calculadora y anunció duras medidas económicas para cumplir con los criterios de convergencia de la Unión Europea.

“Tíos, no somos perfectos. Ni mucho menos. No les puedo decir que todo irá bien… Hemos mentido por la mañana, por la tarde y por la noche. No quiero seguir así. O lo hacemos nosotros, u otros lo harán”. Las palabras del primer ministro no han gustado a nadie. A los políticos, porque descubren la verdad. Al pueblo, por lo mismo. No estamos acostumbrados. La verdad desnuda asusta. Escandaliza. ¡Queremos mentiras nuevas!

“He dedicado tres minutos durante la noche del domingo a pensar si tenía una razón para dimitir y la conclusión a la que he llegado es que no la hay en absoluto”, aseguró Ferenc Gyurcsany, poco después de que se hicieran públicas sus “verdades” y de que miles de personas se echarán a la calle en su contra. “No hay marcha atrás”, mintió, de nuevo. “El Gobierno se mantendrá firme en el único camino posible: la política de reformas para asegurar el desarrollo y la estabilidad económica”. Los partidos políticos son así. Mentira absoluta.

Otro ejemplo. Uno más. El ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, Jesús Caldera, explicaba orgulloso esta semana que el número de contratos indefinidos no para de aumentar desde que llegó al ministerio y presentaba su nueva campaña para luchar contra la temporalidad: “Fijo. Ganamos todos”. Cada contrato indefinido supondrá para los empresarios una bonificación de hasta 800 euros mensuales durante tres años. Ganan los de siempre. Fijo.

“Recado para (casi) cualquier presidente de gobierno: Tus mentiras/ costaron/ cuestan/ costarán/ la sangre/ de los inocentes”. El poeta y ensayista Jorge Riechmann alerta sobre el precio de los embustes. Da igual. Una pintada, en Ecuador, desvela el verdadero quid de la cuestión: “El problema no es que nos mientan tanto. El problema es que les creemos”.

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1 comentario

  1. Más claro agua, Kasa. pero, luego, llegan las elecciones y les votan. Aunque, en las últimas autonómicas de Asturias y Andalucía, la abstención ha sido notable. Pero no sólo la abstención es suficiente. De momento son votos que pierden los partidos mayoritarios y que se van al limbo o, como mucho, a otro próximo ( IU, Foro por Asturias y UPy D que anda como loco buscando hacerse un hueco cercano al poder). Lo ideal sería que esa pérdida de votos que sufren los partidos ya establecidos, los grandes por estar arrimados al poder y los pequeños por estar buscando el arrimarse, fuesen a parar a nuevas formaciones realmente progresistas, con programas bien definidos y con credibilidad. Mientras tanto, los grandes no se verán desplazados, sea cual sea el índice de abstención seguirán ganando ellos y alternándose en el poder. Con una abstención del 70% seguiremos viendo al PP y al PSOE sacando pecho y presumiendo de haber ganado las elecciones con la mayoría de esa minoría del 30%.
    Tendría que aparecer la figura de un líder creíble que aglutinase una auténtica oposición al sistema establecido. Y, por desgracia, al día de hoy, hay una crisis de líderes espantosa. ¿Donde podemos buscarlos?

    Un abrazo.


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