DESMONTANDO A DARWIN – ENTREVISTA A MAXIMO SANDIN (kAsA-tV)

Imprescindible documento. Testimonio que probablemente se convierta en testamento de una época. No se trata de tener miedo a los cambios  sino a que estos sirvan en beneficio de una minoría y sin participación o control ciudadano. Cuando está en manos privadas alejadas de cualquier gestión popular y democrática, es obvio que buscarán su beneficio e implementarán cualquier proyecto tal como se viene haciendo históricamente.Todo está manipulado y casi nada es cierto,los medios de información son una letanía monocorde y el arma principal que transmite todas las mentiras para mantener a la población en la ignorancia. Ultimamente la casta gobernante ha avanzado mucho en sus planes y es desalentador pero,como dice Máximo al final , de la entrevista las cosas son como son y no como nos las han contado y mientras nos quede un soplo de vida seguiremos diciéndolas.

(k.)

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Theodorakis llama a un frente unido de los pueblos, naciones y estados contra la dictadura de la Uión europea y el BCE

Theodorakis hace un llamado por una lucha de liberación para liberar a las naciones de Europa

24 de septiembre de 2012 — El pasado 10 de septiembre, Mikis Theodorakis, revolucionario, patriota y artista griego, emitió una declaración en la que hace un llamado para lanzar una lucha de liberación para liberar a las naciones de Europa del nuevo totalitarismo de los banqueros.

En su preámbulo exhorta “Por una Europa de Naciones de pueblos y Estados, una Europa de ciencia, arte y cultura, una Europa de economía, industria y desarrollo social, una Europa de paz y solidaridad entre los pueblos“.

El documento merece que lo citemos ampliamente. El estadista y artista de 84 años escribe: “Hoy el mayor contraste que existe es entre todos los pueblos de Europa y las fuerzas que representan y tienen como objetivo el dominio de un gobierno global centrado en una serie de enormes bancos como el de Rockefeller-Rothschild y Goldman Sachs, con auxiliares tales como el Deutsche Bank y el Banco Central Europeo (BCE), con el Club Bilderberg como vocero del gobierno (con Henry Kissinger como presidente) y sus satélites, el FMI, la Organización Internacional de Comercio (OIC), y órganos tales como por ejemplo la Escuela de Chicago de Milton Friedman.

“El objetivo de este nuevo totalitarismo es la globalización, que implica la construcción de una nueva sociedad de tipo desconocido sobre las ruinas de naciones y la patria de los pueblos, para crear una nueva clase de ciudadano, subyugado y obediente a los planes y aspiraciones del gobierno global, que será controlado y dirigido, y servirá a los intereses del Trust Internacional de Bancos.

“Los de los estados europeos hoy están divididos en dos bandos: Uno formado por los que se dan cuenta de la nueva realidad y de modo conciente le sirven a las fuerzas del gobierno global, y los que desdeñan la realidad y que incluso, dentro del proceso político, cooperan como oposición al primero, los sirvientes concientes del nuevo totalitarismo. De modo que las fuerzas políticas actuales de todos los partidos, de derecha, centro, de izquierda, los verdes, etc. están todos dentro de la misma maquinaria de poder político, andan sobre los rieles que controla el gobierno global y que lleva a la muerte de los pueblos nacionales para sustituirlos con la creación de una nueva sociedad internacional, completamente subyugada a los intereses y exigencias del gobierno global.

“Por lo tanto los Parlamentos actuales, que se encuentran bajo el control del FMI y de los bancos europeos, se han pasado a los órganos del nuevo totalitarismo, de modo que no hay posibilidad de resistencia a través de estos sistemas de poder. Las fuerzas que quieren mantenerse dentro de estas nuevas circunstancias, deberían tener como centro de su actividad, mantener su presencia física entre el pueblo.

“La experiencia en mi país por la presencia de la Troika, en los últimos dos años y medio, nos lleva a la conclusión de que el control de la economía por gobiernos extranjeros, impone condiciones considerables de ocupación extranjera. Por esta razón, la resistencia del pueblo debe tomar la forma de una lucha de liberación. Nuestra arma es la resistencia activa de una unidad nacional verdadera. Consecuentemente, la unidad patriótica del pueblo es clave. Esto quiere decir que como la totalidad del pueblo está afectado, la forma de la unidad debe estar por encima de las clases existentes, de ideologías y de diferencias políticas; en otras palabras, un patriotismo nacional.

“Cuando una nación no moviliza todas sus fuerzas, sin excepción alguna, en contra de las fuerzas de saqueo de la globalización, está perdida.

“Después de todo, el ataque, con dinero como arma, es mucho más severo y más eficiente que cualquier clase de fuerza política o militar. Porque es un ataque contra todos los ciudadanos en su conjunto. No solo contra la integridad de su cuerpo, sino también de su mente y su alma… El dinero con el impacto del desempleo, miseria y miedo acaban con la individualidad de la personalidad del ciudadano y destruye el tejido social que establece la forma y el contenido del Estado nacional del pueblo.

“De modo que es necesario que cada nación sea capaz de movilizar todas las fuerzas que tiene a disposición: la tradición, la historia, la ciencia, el arte, la cultura, la salud nacional y el potencial de desarrollo. De este modo, el movimiento patriótico nacional, es capaz de resistir desde una posición de fortaleza. Puede aislar las fuerzas que sirven o que persisten en ignorar la amenaza de un ataque del nuevo totalitarismo. Para profundizar la unidad del pueblo que lleva a niveles de fuerza y de determinación superiores proyectando el plan de una nueva sociedad en un país completamente libre.

“La creación de un frente unido de los pueblos de Europa conduciría naturalmente a una derrota total de las fuerzas de la invasión destructiva y a la creación de una Europa de los pueblos, para la paz y el progreso. Cuyo poder e influencia sería tan enorme que podría jugar un papel importante a un nivel internacional”.

Traducciones vía :

http://spanish.larouchepac.com/node/17522

 

EL ARTÍCULO ORIGINAL

Author: Mikis Theodorakis Publishing date: 16.09.2012 17:37

Mikis Theodorakis – Photo-Pantelis Saitas

For a Europe of Nations-Peoples and of Homelands,
a Europe of science, art and culture,
a Europe of economic, industrial and social development,
a Europe of peace and solidarity between peoples.

Today the main contrast is between all the peoples of Europe and the forces that represent and aim at global dominance of global governance centered on a series of huge banks such as Rockefeller-Rothschild and Goldman Sachs, with Annexes as the Deutsche Bank and the European Bank, with the Bilderberg Club as a “government spokesman” (with Henry Kissinger as President) and its satellites IMF, International Trade Organization and organs such as e.g School of Chicago (Friedman). [See the revelations by Naomi Klein in her book “The Shock Doctrine”].

The aim of this new totalitarianism is globalization, which means the building of a new society of an unknown type on the ruins of nations-peoples-homelands by creating a new type of citizen, subjugated and obedient to the plans and aspirations of global governance, that will be controlled and directed by, and will serve the interests of the International Trust Banks.

*

Today’s politicians of the European states are divided into two sections: In those who are aware of the new reality and consciously are serving the forces of global governance and those who ignore the new reality and cooperate even as opposition within the political process of the first, the conscious servants of the new Totalitarianism. So the current political powers of all parties, right, centrist, leftist, green, etc. are all within the same political power train, running on the rails that the global governance controls and which lead to the death of Nations-Peoples and replacing them with the creation of a new international society, completely subjugated to the interests and callings of Global Governance.

Therefore the current Parliaments who are currently under the control of the IMF and European banks, have changed into the new Totalitarianism organs, so there is no possibility of resistance through these power systems. The forces that want to remain within these new circumstances, should have the center of their activity to their physical presence among the people.

The experience in my country by the presence of the Troika the last two and a half years, leads us to conclude that the control of the economy from foreign government poses conditions of substantial foreign occupation. For this reason, the resistance of the people must take forms of a liberation struggle. Our weapon is the active resistance of a truly united nation. Consequently, the patriotic unity of the people is the key. This means that because the people are affected as a whole, the form of unity should be above existing class, ideological and political differences; in other words, national-patriotic.

When a nation is not mobilizing all its powers, without exception, against the looting forces of globalization, it is lost.

After all, the attack, with money as weapon, is much more severe and more efficient than any form of police or military force. Because it is an attack on the citizens as a whole. Not only to the integrity of his body but also of his mind and soul. Similar to the experiments of Cameron, that Naomi Klein describes, in which 50 electric shocks erased the memory from the brain, and with it the personality, money with the shock of unemployment, misery and fear dissolves the individuality of the citizen-personality and destroys social tissue which establish the form and content of the People-Nation-State.

So it is necessary that each nation is able to mobilize all the forces at his disposal: tradition, history, science, art, culture, national wealth and development potential. Thus, the national-patriotic movement is able to resist from a position of strength. To isolate the forces that serves or is persistent in ignoring the danger of the attack from the new totalitarianism. To deepen the unity of the people which leads to increasingly higher levels of power and determination yet projecting the plan of a new society in a totally free country?

The creation of a united front of opposition from the peoples of Europe would naturally lead to the total defeat of the forces of destructive invasion and the creation of a Europe of peoples, peace and progress. Whose power and influence would be so large that it could play a leading role at the international level.

Athens, September 2012

Mikis Theodorakis

 

http://en.mikis-theodorakis.net/index.php/article/articleview/565/1/76/

El Astillero (kAsA-tV)

Mr Mondialisation – Mondialiénation (kAsA-TV)

Queda Prohibido (kAsA-TV)

El catasionismo

A. Escusa
(artículo escrito el año 2006)
Existe una rama muy poderosa del nacionalismo catalán, influenciada desde hace mucho por las vicisitudes del pueblo judío, sobretodo por el movimiento sionista posterior a la II Guerra Mundial que dio lugar, en 1948, a la fundación del Estado de Israel en los territorios palestinos. Esta identificación se reafirmaba cuando al convertirse en una forma de atacar al catalanismo por parte de sus enemigos. Pío Baroja, por ejemplo, en 1907 acusaba a los catalanes de ser «los judíos de España» (1)
Figuras destacadas del catalanismo fueron acusadas de ser judíos, como Companys o Cambó. Muchos catalanes de diversas ideologías inclinaron sus simpatías hacia el pueblo judío y hacia el Estado de Is­rael, cuya creación influyó tanto en fascis­tas como Josep Plà (maravillado al visitar Israel en 1950) como al antifranquista Salvador Espriu, que presentaba a Israel «como la proyección mítica de Catalu­ña» (2). Las relaciones entre el catalanis­mo y el sionismo se consolidaron gracias a la amistad del padre de Jordi Pujol con el magnate empresario judío David Ten­nenbaum, creador de la Banca Dorca de Olot, germen de lo que fue la futura Ban­ca Catalana (3), operación que consolidó a Jordi Pujol y su entorno como centro del nacionalismo catalán. La simpatía hacia el sionismo afecta a militantes de casi todos los sectores del nacionalismo, desde los católicos de Convergencia i Unió (CiU), a los laicos de Esquerra Republicana de Ca­talunya (ERC) e incluso a algún grupo de la izquierda extraparlamentaria. La sim­biosis catalanismo-sionismo ha sintetizado el “catasionismo”, corriente dominante en el nacionalismo catalán. Paradójicamente, el sionismo también es una de las mayores influencias que han tenido los Gobiernos del Partido Popular, cuya ideología ultra­conservadora o neofascista, está en las an­típodas del nacionalismo catalán. La pre­sión del catasionismo consiguió en el 2005 el incremento de las relaciones entre Israel y Cataluña, concretadas tras la reunión de Maragall con Shimon Peres, del fomento de la cooperación tecnológica entre Cata­luña e Israel a través de la Fundació Cata­lana per a la Recerca.
LA RED CATASIONISTA
Según el periódico La Vanguardia (4), los políticos catasionistas más importantes son el ex–presidente Jordi Pujol; Josep Lluís Carod-Rovira, Presidente de Es­querra Republicana de Catalunya (ERC) y actual vicepresidente de la Generalitat; Miquel Sellarès, periodista y antiguo res­ponsable de seguridad en los gobiernos de CiU y hoy cercano a ERC, Joan Oliver, antiguo director de TV3 y militante de CiU, y Maria Josep Estanyol, doctora el filología semítica en la Universitat de Bar­celona y militante de ERC. Intelectuales catasionistas influyentes son Pilar Rahola, antigua militante de ERC y hoy situada en la extrema derecha del sionismo (partida­ria visceral de Ariel Sharon); el periodista Pere Bonín, Joan B. Culla, historiador de la Universitat Autònoma de Barcelona, la escritora Marta Pessarrodona, el periodis­ta y escritor Valentí Puig y Lluís Bassat, publicista y candidato a la presidencia del Fútbol Club Barcelona. Pero especial aten­ción merece el jefe de filas del sionismo ca­talán, Vicenç Villatoro, diputado por Con­vergencia i Unió (CiU), escritor, periodista y antiguo director del diario nacionalista Avui y de la Corporació Catalana de Ràdio i Televisió, ente que engloba las emisoras de la Generalitat. Algunos de los catasio­nistas no pasan de tener ciertas simpatías e identificación hacia la política del Estado de Israel, desarrollando su cometido si­lenciosamente, mientras que otros ejercen violentamente de comisarios políticos de Israel en Cataluña, manipulando y tritu­rando, desde los púlpitos televisivos y los poderosos medios de comunicación que los apoyan, cualquier disidencia hacia la polí­tica de Israel.
Los medios de comunicación filo-sio­nistas
De los medios más pro-sionistas hay que destacar en primer lugar el periódico Avui, así como La Vanguardia, también receptiva hacia el sionismo. Las radios y televisiones públicas (TV3, C33 y Catalunya Ràdio bá­sicamente), han perdido parte de su furor sionista desde que Vicenç Villatoro dejó de ser su director, aunque en las tertulias te­levisivas de TV3 y el C33 son fijos los catasionistas más importantes, como el pro­pio Villatoro, Rahola, Joan B Culla y otros. También la Fundació Catalunya Oberta es un establecimiento filosionista.
Asimismo se ha creado una red de medios de comunicación de tendencia catasionis­ta, donde participan catasionistas promi­nentes. Este es el caso de Tribuna Cata­lana, (www.tribuna.cat), página dedicada a la política general, que tiene enlaces al Centre d’Estudis Estratègics de Catalunya (CEEC), ambos dirigidos por Miquel Se­llarès, y a la Revista Debat Nacionalista, cuyo primer número entrevista al historia­dor catasionista Joan B. Culla, a quien le dedica la foto de portada. La finalidad de la información de estos medios es crear una corriente de opinión favorable a las políti­cas de Israel y contraria a las luchas de los pueblos árabes.
El CEEC realiza estudios y análisis de la situación mundial desde una óptica favora­ble a la estrategia y a la ideología atlantis­ta de la OTAN y de la política del Estado de Israel. El CEEC defiende la invasión de Afganistán por la OTAN como un freno a la “jihad” (guerra santa musulmana) y por el bien de la seguridad de Europa y Cataluña, manifestando que la agresión de la OTAN es «una opción que puede parecer más “dura” pero que en realidad es simplemen­te más realista» (5) En el mismo artículo se alegra de que la cumbre de la OTAN haya tenido lugar en Letonia, presentando a los rusos, a su presidente Putin y a su control del gas y el petróleo como enemigos para Europa. En otro artículo se ataca la polí­tica exterior de Zapatero por considerarla antiamericana, antiisraelí y proárabe. La­menta que la decisión (finalmente revoca­da) de vender aviones y barcos a Venezuela haya puesto en peligro la amistad con los Estados Unidos (6). La vocación intoxica­dora de este medio queda evidente cuando identifica sutilmente la política exterior del gobierno del PSOE con el franquismo y éste con el mundo árabe: en un artículo que lleva por título “¿España se posiciona contra el gobierno de Israel?”, el CEEC afirma: «en la otra banda del arco ideoló­gico del Estado español encontraríamos la análoga “tradicional amistad con los países árabes” en la que insistió durante 40 años el régimen del general Franco.» (7) Otros artículos del CEEC muestran las opera­ciones de agresión israelíes desde la pers­pectiva sionista, como guerras defensivas frente a la amenaza árabe. (8)
Desde Tribuna Catalana se elaboran artí­culos antipalestinos, como los dedicados contra la victoria electoral de Hamás. Tri­buna Catalana, manipulando el conflicto de Palestina, “recuerda” a la Unión Europea que «hay decenas de miles de funcionarios y policías pagados con dinero europeo» y que no se puede seguir financiando a un gobierno «que envía kamikazes a hacerse explotar en un autobús o en una cafete­ría israelí» (9). Otros artículos critican la posición pro-palestina de una parte de la izquierda israelí debido según Tribuna Ca­talana al «autoodio de la extrema izquier­da israelí cercana a los grupos palestinos» (10)
Desde la revista El Temps, donde escriben entre otros sionistas la ultra Pilar Rahola, se intenta hacer pasar a los agresores como víctimas, como en el reportaje sobre la co­munidad judía dels “Païssos Catalans”, se justifica las matanzas israelíes en el Líbano a raíz de la detención de militares israelíes por Hamás, considerada como “agresión”: «La gente está extrañada y no entiende esta agresión. Por eso un 98% de los is­raelíes aprueban la medida tomada por su Gobierno y la entiende.» (11) También encontramos en el mismo número una en­trevista a la ministra de asuntos exteriores de Israel.
Lucha por las emisoras públicas y depu­ración de periodistas
Entorno al control de los medios públicos se desarrolla una sorda lucha de los cata­sionistas, que no ha trascendido al público. Vicenç Villatoro, cuando fue responsable de la radiotelevisión catalana, despidió al periodista a Eugeni Garcia, corresponsal en Jerusalén de Catalunya Ràdio. El Co­mité Profesional de la emisora, denunció en un comunicado que el despido se de­bía a «la presión reiterada de la comuni­dad judía en Catalunya, que cuestiona la imparcialidad informativa de la redacción de informativos y de su corresponsal en Jerusalén.» (12) Otra riña sucedió en los medios de Catalunya Radio, cuando Vicenç Villatoro atacó al periodista Antoni Bassas en una carta al diario Avui, por no cortar a un oyente que llamó al programa de Bas­sas y dijo que «los judíos e Israel se encon­traban en el eje del mal», según “denunció” Tribuna Catalana, medio que se queja del «infantilismo» de TV3 en el tratamiento de la guerra de Irak o las informaciones sobre EE.UU. e Israel, responsabilizando de ello al periodista Joan Roura (13). Roura también fue atacado desde La Vanguardia por Joaquim Roglán, quien “denunció” al periodista de TV3 por no defender la “im­parcialidad” en el conflicto sionista-árabe informando «de manera desmesurada» so­bre la violencia israelí (14).
ESQUERRA REPUBLICANA, PARTI­DA EN DOS
ERC es uno de los partidos que más está infiltrado por el sionismo, ya desde los tiempos de Pilar Rahola. Dirigentes cata­sionistas como Carod Rovira están enfren­tados con otros como Rosa Bonàs y Joan Puigcercós por la política hacia Israel. Las JERC, juventudes de este partido, se han manifestado reiteradamente a favor de la causa palestina, sufriendo incluso repre­sión policial, pero el “lobby” sionista es muy poderoso en ese partido: ERC nunca se ha manifestado públicamente a favor de Palestina y contra la política racista e im­perialista de Israel. Una muestra de la in­fluencia sionista en ERC la podemos ver en el nº 70 (abril-mayo del 2006) de Esquerra Nacional, revista oficial de ERC. En la pri­mera página de este número se entrevista a Jaume Fernández, historiador y militante de ERC, donde explica el balance de unas jornadas sobre sionismo y catalanismo, jornadas en las que participaron Conse­llers de la Generalitat. Según Fernández, que por una “rara” coincidencia también es miembro del filosionista CEEC, en las jor­nadas se denunció al «pensamiento único» contra Israel, «anclado en una posición ideológica heredera de un marxismo tras­nochado» (15).
Cuando Carod Rovira visitó Israel junto con Maragall en mayo del 2005 para reali­zar un homenaje a Yitzhak Rabin, asesina­do por un judío ultraortodoxo, se levanta­ron ampollas en la izquierda solidaria con la causa palestina. El colectivo Palestina Resisteix, recordó a Carod el pasado de Rabin, que al mando de unidades militares realizaba operaciones de limpieza étnica y actos terroristas. (16) Al parecer Carod es simpatizante del Partido Laborista Israelí, y en alguna de sus conferencias electorales para las elecciones autonómicas del 2006 había invitado a varios embajadores en­tre los que se hallaba el de Israel. Bernat Joan, eurodiputado ultranacionalista de ERC, sin declararse sionista, defiende tesis sionistas y norteamericanas cuando “de­nuncia” en su blog el asesinato del Primer ministro libanés Hariri, pro-israelí, como una conspiración de Siria e Irán, países a los que acusa de querer colonizar el Líbano (17) Para Josep Huguet, exconseller de la Generalitat «en el pensamiento de secto­res radicales del españolismo, los catalanes ocupamos el lugar de los judíos». (18)
Rosa Bonàs, una voz valiente
Rosa Bonàs, diputada al Parlamento espa­ñol por ERC es una de las valientes excep­ciones dentro del panorama nacionalista catalán. Su mérito es mucho mayor por el hecho de estar casada con un israelí, tener hijos de esa nacionalidad y haber pasado varios años viviendo en Israel, país del que tuvo que huir, como ella misma explica: «A medida que se iban multiplicando los asentamientos en Gaza y Cisjordania, el Ejército para la Defensa de Israel se con­virtió en un ejercito de ocupación con todo lo que ello implica. (…) en 1989, nuestro hijo tenía ya 10 años, fuimos conscientes de que aquel niño tenía ante sí dos opcio­nes: ser soldado de un ejército de ocupa­ción o pasar su juventud en la cárcel, como tantos amigos que se negaron a servir en los territorios ocupados» (19). Rosa Bonàs, que pide respeto para el pueblo palestino y defiende su derecho a vivir en un Estado viable, tiene un amplio historial de lucha por la paz desde hace décadas y no ha du­dado en sumarse en iniciativas a favor del pueblo palestino.
Carod Rovira se arrodilla ante el sionis­mo
Rosa Bonàs estuvo en el ojo del huracán sionista cuando hizo una proposición al Congreso junto a Puigcercòs pidiendo la suspensión de todas las ayudas del Estado español hacia Israel, incluyendo todo tipo de cooperación cultural en protesta por la política genocida de Ariel Sharón y contra la ocupación de los territorios palestinos de Gaza y Cisjordania, justo en las fechas en las que Carod y Maragall realizaban el homenaje a Rabin. Esto levantó las protes­tas airadas de la Embajada de Israel, de la comunidad israelí en España, el odio vis­ceral de Pilar Rahola, y las acusaciones au­tomáticas de antisemitismo. Rosa Bonàs se defendió calificando a Rahola de «portavoz de Sharon». Carod zanjó el tema sometién­dose al sionismo, pidiendo perdón en una carta en la que calificaba la iniciativa de Rosa Bonàs «como un error político grave que, además, no es coherente de ninguna manera con mis propias convicciones (…) Estas y otras consideraciones las he plan­teado, personalmente, a los responsables del Grupo Parlamentario de ERC en Ma­drid, así como a los representantes diplo­máticos del Estado de Israel en España. (…) Nuestro rechazo sin paliativos al te­rrorismo, nuestro reconocimiento incues­tionable al derecho a la defensa del Esta­do de Israel» (21). Carod Rovira acaba su patética carta reconociendo el derecho a la existencia de un Estado palestino. ¡Fal­taría más!
EL INDEPENDENTISMO EXTRA­PARLAMENTARIO
Aunque la mayoría de grupos extrapar­lamentarios independentistas se sitúan frente a los crímenes sionistas y en defen­sa de la causa árabe, el sionismo también influye en algunas de estas fuerzas políti­cas. Toni Gisbert, dirigente del Partit So­cialista d’Alliberament Nacional (PSAN), responsable de de Acció Cultural del País Valencià y marido de Nuria Cadenas (in­dependentista encarcelada durante años), identifica judaísmo y catalanismo en un es­crito lleno de manipulación histórica, verdadero homenaje al nacionalismo de sangre: «Los puntos en común con las reflexiones del judaísmo son notables (…) una parte importante de nuestro pueblo reclama, como lo reclama una parte im­portante del judaísmo, un hogar nacional propio. (…) Un territorio donde no somos los únicos que estamos: igual que los ju­díos, hemos sido convertidos en minoría en algunas parcelas de nuestra propia tierra por siglos de ocupación. Pero como ellos, hemos vivido ininterrumpidamente desde nuestro nacimiento como pueblo. (…) Tampoco renunciamos a las parcelas donde somos minoría: porque para noso­tros la tierra tiene valor por ella misma, nos identifica y cohesiona.» (22)
Este es el panorama del sionismo en Ca­taluña, una fuerza que ha encontrado una sólida base de apoyo entre una buena par­te del nacionalismo catalán, dispuesto a transigir con cualquier brutalidad de Is­rael a cambio de fortalecer las posiciones de la burguesía catalana.

Notas:
1) Jordi Rovira. Lazos vivos entre Israel y Catalunya. La Vanguardia, 15/01/2006. (2) Idem
(3) Idem
(4) Idem
(5)http://www.ceec-cat.org/noti.php?noticia=180
(6)http://www.ceec-cat.org/noti.php?noticia=175
(7) http://www.ceec-cat.org/noti3.php?cerca=israel&noticia=136
(8) http://www.ceec-cat.org/noti3.php?cerca=israel&noticia=134
(9)http://www.tribuna.cat/Not%EDcies/Pol%EDtica/El_dilema_dels_europeus_da­vant_la_vict%F2ria_de_Hamas/
(10) http://www.tribuna.cat/Not%EDcies/Pol%EDtica/ERC_i_l%92estat_d%92Israel/ (11) Xevi Camprubí: L’altre banda del con­flicte. El Temps, nº 1555, 1/8/2006. http://www.eltemps.net/art2.php?sec_id=mon (12) Jordi Rovira, obra cit.
(13) http://www.tribuna.cat/Not%EDcies/Pol%EDtica/De_qu%E8_pot_servir_la_pol%E8mica_Villatoro-Bassas?/
(14) http://www.tribuna.cat/Recull_de_pre%1fmsa/Comunicaci%F3/L%27Al-Jazira_en_catal%E0_de_Joan_Roura/
(15) http://www.esquerra.org/web_nova/ar­xius/en70.pdf.
(16) http://www.palestinaresisteix.org/co%1fmunicats/not_only_protocolCAT.htm
(17) http://www.defensadelaterra.org/LaVeu/veu58.htm
(18) Jordi Rovira, obra cit.
(19) http://rosamariabonas.blogspot.com/2005/10/diumenge-2-doctubre-parau­les.html
(20) http://www.nodo50.org/CSCA/agen­da05/palestina/parlamento_28-09-05.html
(21) http://desde-sefarad.blogspot.com/2005/10/erc-carod-e-israel.html
(22) http://barcelona.indymedia.org/newswire/display/169522/index.php

TODO VIA:

http://grojo.blogspot.com.es/2009/01/las-raices-sionistas-de-un-sector-del.html

Orwell – Matar a un elefante

Sugerencia :sinister-grains-anoushka-shankar




En Moulmein, en la Baja Birmania, fui odiado por un gran número de personas; se trató de la única vez en mi vida en que he sido lo bastante importante para que me ocurriera eso. Era subcomisario de la policía de la ciudad y allí, de un modo carente de objeto y trivial, el sentimiento antieuropeo era enconado. Nadie tenía agallas para promover una revuelta, pero si una mujer europea paseaba sola por los bazares, seguro que alguien le escupía jugo de betel al vestido. Como policía, yo era un blanco evidente y me atormentaban siempre que parecía seguro hacerlo. Si un ágil birmano me ponía la zancadilla en el campo de fútbol y el árbitro (otro birmano) hacía la vista gorda, la multitud estallaba en sardónicas risas. Eso sucedió más de una vez. Al final, los socarrones rostros amarillos de los chicos que me encontraba por todas partes, los insultos que me proferían cuando estaba a suficiente distancia, me alteraron los nervios. Los jóvenes monjes budistas eran los peores. En la ciudad los había a millares y ninguno parecía tener más ocupación que apostarse en las esquinas y mofarse de los europeos.
2
Todo esto era desconcertante y molesto. Por aquel entonces yo había decidido que el imperialismo era un mal y que cuanto antes me deshiciera de mi trabajo y lo dejara, mejor. En teoría — y en secreto, por supuesto — estaba totalmente a favor de los birmanos y totalmente en contra de sus opresores, los británicos. En cuanto al trabajo que desempeñaba, lo odiaba con mayor encono del que tal vez logre expresar. En una ocupación como ésa se presencia de cerca el trabajo sucio del imperio. Los desgraciados prisioneros hacinados en las jaulas malolientes de los calabozos, los rostros grises y atemorizados de los convictos con condenas más largas, las nalgas laceradas de los hombres que han sido azotados con cañas de bambú; todo eso me oprimía con un insoportable cargo de conciencia. Pero no podía ver la dimensión real de las cosas. Era joven, no tenía muchos estudios y me había visto obligado a meditar mis problemas en el absoluto silencio que le es impuesto a todo inglés en Oriente. Ni siquiera sabía que el Imperio Británico agoniza, y menos aún que es muchísimo mejor que los imperios más jóvenes que van a sustituirlo. Todo cuanto sabía era que me encontraba atrapado entre el odio al imperio al que servía y la rabia hacia las bestiecillas malintencionadas que intentaban hacerme el trabajo imposible. Una parte de mí pensaba en el Raj británico como en una tiranía inquebrantable, un yugo impuesto por los siglos de los siglos a la voluntad de pueblos sometidos; otra parte de mí pensaba que la mayor dicha imaginable sería hundir una bayoneta en las tripas de un monje budista. Sentimientos como éstos son los efectos normales del imperialismo; que se lo pregunten si no a cualquier oficial angloindio, si se lo puede pescar cuando no está de servicio.
3
Un día sucedió algo que, de forma indirecta, resultó esclarecedor. En sí fue un incidente minúsculo, pero me proporcionó una visión más clara de la que había tenido hasta entonces de la auténtica naturaleza del imperialismo, de los auténticos motivos por los que actúan los gobiernos despóticos. A primera hora de la mañana, el subinspector de una comisaría del otro extremo de la ciudad me llamó por teléfono y me dijo que un elefante estaba arrasando el bazar. ¿Sería tan amable de acudir y hacer algo al respecto? No sabía qué podía hacer yo, pero quería ver lo que ocurría, así que me monté en un poni y me puse en marcha. Me llevé el rifle, un viejo Winchester del 44 demasiado pequeño para matar un elefante, pero pensé que el ruido me sería útil para asustarlo. Varios birmanos me detuvieron por el camino y me contaron las andanzas del animal. Por supuesto, no se trataba de un elefante salvaje, sino de uno domesticado con un ataque de «furia». Lo habían encadenado, como hacen siempre que un elefante domesticado va a tener un ataque de «furia», pero la noche anterior había roto las cadenas y se había escapado. Su mahaut, la única persona que sabía cómo tratarlo cuando estaba en aquel estado, había salido en su busca, pero había errado el camino y se encontraba a doce horas de viaje. Por la mañana, el elefante había irrumpido de pronto en la ciudad. La población birmana no tenía armas y se veía bastante indefensa ante el animal. Ya había destrozado la choza de bambú de alguien; había matado una vaca, asaltado varios puestos de fruta y devorado la mercancía; también se había encontrado con el furgón municipal de la basura y, nada más bajar el conductor de un salto y poner pies en polvorosa, había volcado el vehículo y arremetido violentamente contra él.
4
El subinspector birmano y algunos agentes de policía indios me estaban esperando en el barrio en que había sido visto el elefante. Se trataba de un barrio muy pobre, un laberinto de sórdidas chozas de bambú con tejados de palma que se extendía sobre la escarpada ladera de una colina. Recuerdo que era una mañana nublada, bochornosa, al principio de la estación de las lluvias. Empezamos a interrogar a la gente acerca de qué dirección había tomado el elefante y, como de costumbre, no logramos obtener ninguna información concreta. Eso es lo que ocurre en Oriente sin excepción; una historia siempre parece estar clara a cierta distancia, pero, cuanto más te acercas al lugar de los hechos, más confusa se vuelve. Algunas personas decían que el elefante se había ido en una dirección, otras afirmaban que había tomado una dirección distinta, otras manifestaban no haber oído hablar siquiera de ningún elefante. A punto estaba de creer que toda la historia no era más que una sarta de mentiras cuando oímos unos gritos no muy lejos de allí. Fue un berrido agudo y horrorizado de: «¡Fuera de ahí, niño! ¡Fuera de ahí enseguida!», y una vieja con una vara en la mano apareció de detrás de una choza, espantando con violencia a un montón de niños desnudos. La seguían algunas mujeres más, haciendo chascar la lengua y dando voces; era evidente que había algo que los niños no deberían haber visto. Rodeé la choza y vi el cadáver de un hombre que yacía extendido sobre el fango. Era un indio, un culí drávida negro, medio desnudo; no podía llevar muerto muchos minutos. La gente decía que, de repente, al doblar la esquina de la choza, el elefante se había abalanzado sobre él, lo había agarrado con la trompa, le había puesto la pata sobre la espalda y lo había enterrado en el suelo. Era la estación de las lluvias, el terreno estaba blando y su cara había dibujado una zanja de dos palmos de hondo y un par de metros de largo. Estaba boca abajo con los brazos en cruz y la cabeza bruscamente torcida hacia un lado. Tenía el rostro cubierto de fango, los ojos desorbitados, los dientes a la vista y apretados en una mueca de insoportable tormento. (Por cierto, que nadie me diga jamás que los muertos tienen una expresión apacible. La mayoría de cadáveres que he visto tienen un aspecto infernal.) La fricción de la pata de la enorme bestia le había arrancado la piel de la espalda con la misma pulcritud con que se desuella un conejo. En cuanto vi al muerto mandé a un ordenanza a la casa cercana de un amigo en busca de un rifle para elefantes. Ya había enviado de vuelta el poni, porque no quería que enloqueciera de miedo y me tirara al suelo si olía el animal.
5 El ordenanza regresó al cabo de unos minutos con un rifle y cinco cartuchos. Mientras tanto habían llegado algunos birmanos y nos habían dicho que el elefante se encontraba en los arrozales de más abajo, a sólo unos cientos de metros. Al emprender la marcha, casi toda la población del barrio salió de sus casas y me siguió en tropel. Habían visto el rifle y exclamaban emocionados que iba a matar el elefante. No habían mostrado mucho interés en el animal cuando se limitaba a arrasar sus hogares, pero era diferente ahora que lo iban a matar. Para ellos se trataba de un momento de diversión, igual que lo habría sido para un público inglés. Además, querían la carne. Aquello me hizo sentir un poco incómodo. No tenía intención de matarlo -tan sólo había ordenado que trajeran el rifle para defenderme en caso de necesidad- y siempre resulta enojoso que te siga una multitud. Me dirigí colina abajo, con apariencia y sensación de idiota, el rifle echado al hombro y un creciente ejército de personas empujándose tras de mí. Una vez abajo, cuando las chozas quedaban atrás, había un camino de grava y, más allá, una lodosa extensión de arrozales de casi un kilómetro de ancho, aún sin arar, pero empapada por las primeras lluvias y salpicada de malas hierbas. El elefante estaba a unos ocho metros del camino, dándonos el flanco izquierdo. No le hizo ningún caso a la multitud que se acercaba. Arrancaba manojos de hierba, los golpeaba contra las rodillas para limpiarlos y luego se los llevaba a la boca.
Me había detenido en el camino. En cuanto vi el elefante tuve la absoluta certeza de que no debía matarlo. Matar un elefante útil para el trabajo es algo serio -es comparable a destruir una máquina enorme y cara- y claro está que no debe hacerse si hay forma de evitarlo. Además, a aquella distancia, comiendo apaciblemente, el elefante no parecía más peligroso que una vaca. Pensé entonces, y pienso ahora, que el ataque de «furia» ya se le estaba pasando, en cuyo caso se limitaría a vagar de forma inofensiva hasta que regresara el mahaut y lo capturara. Es más, no tenía la menor intención de dispararle. Decidí que lo observaría durante un rato para asegurarme de que no volvía a enloquecer y luego me iría a casa.
7 Sin embargo, en aquel momento miré alrededor, a la multitud que me había seguido. Era un grupo numeroso, de al menos unas dos mil personas, y crecía a cada minuto. Bloqueaba un largo tramo del camino en ambas direcciones. Contemplé ese mar de rostros amarillos sobre los ropajes chillones; semblantes felices y exaltados por ese instante de diversión, convencidos de que iba a matar el elefante. Me miraban como habrían mirado a un prestidigitador a punto de realizar un truco. Yo no les gustaba, pero con el rifle mágico entre las manos valía la pena mirarme por un momento. Y de repente me di cuenta de que al final tendría que matarlo. La gente esperaba que lo hiciera y debía hacerlo; sentí sus dos mil voluntades empujándome a actuar, de modo irresistible. Y fue en ese instante, estando ahí con el rifle en las manos, cuando comprendí por primera vez la vacuidad, la futilidad del dominio del hombre blanco en Oriente. Ahí estaba yo, el hombre blanco con su rifle, ante la multitud nativa desarmada, el presunto protagonista de la obra; pero, en realidad, no era más que una absurda marioneta manipulada por la voluntad de aquellos rostros amarillos que tenía detrás. Entendí en ese momento que, cuando el hombre blanco se vuelve un tirano, es su propia libertad la que destruye. Se convierte en una especie de monigote hueco y afectado, la figura estereotipada de un sahib. Porque es condición de su gobierno pasar la vida intentando impresionar a los «nativos», y por eso en cualquier crisis debe hacer lo que los «nativos» esperan de él. Se pone una máscara, y su rostro acaba por adaptarse a ella. Tenía que matar el elefante. Me había comprometido a hacerlo cuando mandé a buscar el rifle. Un sahib debe actuar como tal; debe parecer resuelto, saber lo que piensa y tomar decisiones. Haber recorrido todo ese camino, rifle en mano, con dos mil personas desfilando tras de mí, y alejarme luego sin más, sin haber hecho nada… no, eso era imposible. La multitud se reiría de mí. Y toda mi vida, la vida de todo hombre blanco en Oriente, era una larga lucha para evitar que se rieran de uno.
8 Sin embargo, no quería matar el elefante. Lo contemplé mientras golpeaba su manojo de hierba contra las rodillas, con ese aire de abuela ensimismada que tienen los elefantes. Me parecía que matarlo sería un asesinato. A mi edad no tenía ningún reparo en matar animales, pero nunca había disparado contra un elefante ni había tenido nunca ganas de hacerlo. (No sé por qué siempre parece peor matar un animal grande.) Además, había que tener en cuenta a su dueño. Vivo, el elefante valía por lo menos cien libras; muerto, sólo valdría lo que dieran por sus colmillos, quizá cinco libras. Pero debía actuar con rapidez. Me dirigí hacia unos birmanos que parecían tener cierta experiencia y que ya estaban allí cuando llegamos, y les pregunté cómo se había comportado el elefante. Todos respondieron lo mismo: no te hacía ningún caso si lo dejabas en paz, pero podía atacar si te acercabas demasiado.
9 Tenía perfectamente claro lo que debía hacer. Debía acercarme, digamos, a unos veinticinco metros del elefante para poner a prueba su comportamiento. Si atacaba, podía disparar; si no me prestaba atención, resultaría seguro dejarlo tranquilo hasta que regresara el mahaut. Sin embargo, también sabía que no iba a hacer tal cosa. No era muy bueno con el rifle y el suelo era un fango blando en el que te hundías a cada paso. Si el elefante atacaba y erraba el tiro, tendría más o menos las mismas posibilidades que un sapo bajo una apisonadora. Pero ni siquiera entonces pensaba especialmente en mi pellejo, sólo en los atentos rostros amarillos que tenía detrás. Y es que, en aquel momento, con la multitud observándome, no sentía miedo de la forma habitual, como lo habría sentido de haberme encontrado solo. Un hombre blanco no debe asustarse en presencia de «nativos»; y por eso, en general, no se asusta. Lo único que podía pensar era que, si algo salía mal, aquellos dos mil birmanos me verían perseguido, atrapado, pisoteado y convertido en un cadáver con una mueca en la cara como aquel indio en lo alto de la colina. Y, si eso llegaba a ocurrir, era bastante probable que unos cuantos se rieran. No podía ser.
10 Sólo quedaba una alternativa. Cargué los cartuchos en la recámara y me eché al suelo en mitad del camino para apuntar mejor. La multitud se quedó en silencio e innumerables gargantas exhalaron un suspiro profundo, grave, emocionado, como el del público que ve por fin alzarse el telón en el teatro. Después de todo, iban a tener su instante de diversión. El rifle era un hermoso artefacto alemán con mira de precisión. Por aquel entonces no sabía que para matar un elefante hay que disparar trazando una línea imaginaria de un oído a otro. Por lo tanto, ya que el elefante se encontraba de lado, debí haber apuntado directamente a un oído; en realidad, apunté varios centímetros por delante, pensando que el cerebro estaría algo avanzado.
11 Cuando apreté el gatillo no oí la detonación ni sentí el culatazo -eso nunca sucede si el disparo da en el blanco-, pero sí escuché el infernal rugido de júbilo que se alzó de la multitud. En aquel instante, en un lapso de tiempo demasiado breve, habría cabido pensar, incluso para que la bala llegara a su destino, un cambio misterioso y terrible le sobrevino al elefante. No se movió ni cayó, pero se alteraron todas las líneas de su cuerpo. De pronto pareció abatido, encogido, inmensamente viejo, como si el horrible impacto de la bala lo hubiese paralizado sin derribarlo. Al final, después de un rato que pareció larguísimo -me atrevería a decir que pudieron haber sido cinco segundos- le fallaron las rodillas y cayó con flaccidez. Babeaba. Una enorme senilidad pareció apoderarse de él. Podría haberse imaginado que tenía miles de años. Volví a dispararle en el mismo lugar. Al segundo impacto no se desplomó sino que se puso en pie con desesperada lentitud y se mantuvo débilmente erguido, con las patas temblorosas y la cabeza gacha. Realicé un tercer disparo. Ése fue el que acabó con él. Pudo verse cómo la agonía le sacudía todo el cuerpo y le arrebataba las últimas fuerzas de las patas. Al caer, no obstante, pareció por un momento que se levantaba, ya que mientras las patas traseras se doblegaban bajo su peso, se irguió igual que una gran roca al despeñarse, con la trompa apuntando hacia el cielo como un árbol. Barritó, por primera y única vez. Y entonces se vino abajo, con el vientre hacia mí, y produjo un estrépito que pareció sacudir el suelo incluso donde yo estaba tumbado.
12 Me levanté. Los birmanos ya me habían rebasado y se apresuraban a cruzar el lodazal. Era evidente que el elefante no volvería a levantarse, pero no estaba muerto. Respiraba de forma muy acompasada, con largos y sonoros jadeos, el enorme bulto de su flanco subía y bajaba con dolor. Tenía la boca muy abierta; alcancé a ver las profundas cavernas rosa pálido de la garganta. Esperé durante largo tiempo a que muriera, pero su respiración no se debilitaba. Por último descargué los dos tiros que me quedaban en el lugar donde pensé que estaría el corazón. La sangre espesa manó como terciopelo rojo, pero siguió sin morir. Ni siquiera se estremeció cuando lo alcanzaron los disparos, su torturada respiración continuó sin pausa. Se estaba muriendo, muy despacio y con gran agonía, pero en un mundo alejado de mí en el que ni siquiera una bala podía hacerle ya daño. Sentí que debía poner fin a aquel espantoso sonido. Era espantoso ver a la enorme bestia allí tumbada, incapaz de moverse y, aun así, incapaz de morir, y no lograr siquiera acabar con ella. Mandé a buscar mi rifle pequeño y le descerrajé un tiro tras otro en el corazón y por la garganta. No parecieron causar ningún efecto. Los torturados jadeos continuaron con tanta regularidad como el tictac de un reloj.




13 Al final no pude soportarlo por más tiempo y me marché. Más tarde oí que había tardado media hora en morir. Los birmanos acarreaban dagas y cestos incluso antes de que me fuese, y me contaron que por la tarde ya lo habían despojado de la carne casi hasta los huesos.
14 Después, cómo no, hubo interminables conversaciones sobre la muerte del elefante. El dueño estaba furioso, pero no era más que un indio y no pudo hacer nada. Además, según la ley yo había hecho lo correcto, ya que a un elefante loco hay que matarlo, como a un perro loco, si su dueño no consigue dominarlo. Entre los europeos hubo división de opiniones. Los mayores me dieron la razón, los más jóvenes dijeron era una auténtica lástima sacrificar un elefante por haber matado a un culí, porque un elefante era más valioso que cualquiera de esos dichosos culís coringhee. Y después me alegré mucho de que el culí hubiese muerto; así la ley me ponía de su lado y me daba el pretexto suficiente para matar el elefante. A menudo me pregunté si alguno de ellos se dio cuenta de que lo había hecho sólo para evitar parecer un idiota.

MATAR UN ELEFANTE
Traducción de Laura Manero
y Verónica Canales